MUNDO

Moscú intensifica el acoso a Kiev y avisa de que atacará los envíos de armas de Occidente

Eleva el tono de su amenaza a los países aliados que ayudan a Ucrania. Sus convoyes serán considerados «objetivos legítimos».


Los llamamientos de Kiev a Occidente para que ayude con armas y la creación de una zona de exclusión aérea sobre Ucrania se toparon este sábado con una seria advertencia de la Cancillería rusa. El viceministro de Exteriores, Serguéi Riabkov, avisó que cualquier envío de armamento de países de la OTAN será considerado «objetivo legítimo» de la aviación y la artillería rusas. Y así se lo habría trasladado a Washington. «Les hemos apercibido de que su operación para suministrar armas a Ucrania no solo es una decisión peligrosa sino un movimiento que convierte a los convoyes correspondientes en objetivos legítimos». La amenaza del Kremlin se circunscribe en particular a los sistemas de misiles antiaéreos portátiles del tipo Stinger o los antitanque Javelin, que ya están siendo utilizados por las tropas ucranianas.

El mensaje se trasladó en una jornada en la que se intensificó la actividad bélica, se amagó con nuevos corredores humanitarios y el mundo volvía a contener la respiración ante el inminente asalto a Kiev. Comenzó con bombardeos sobre Mykolaiv, en donde resultó alcanzado por los proyectiles un hospital oncológico. Por segundo día consecutivo, las bombas cayeron también sobre Dnipró mientras, a medio centenar de kilómetros al suroeste de la capital del país, era totalmente destruido el aeródromo de Vasylkiv y los depósitos de combustible, provocando una enorme explosión, según informó su alcaldesa, Natalia Balasinóvich.

Los ataques aéreos y de la artillería rusa se volvieron a cebar con las localidades de Irpín y Busha, en el extrarradio noroeste de Kiev, que está literalmente rodeada de tropas rusas.

Pero sigue siendo la ciudad portuaria de Mariúpol, en el mar de Azov, la más castigada por el fuego de sus batería y de los rebeldes de Donets. Y el punto del país que mayor preocupación suscita. Sus habitantes continúan incomunicados, privados de agua, gas y electricidad. Según las autoridades, apenas quedan alimentos y el déficit de medicamentos está incluso provocando la muerte de personas con enfermedades crónicas. Médicos sin Fronteras (MSF) califica la situación de «desesperada».

El ministro de Exteriores ucraniano, Dmitro Kuleba actualizaba la cifra de civiles muertos en esta ciudad portuaria: 1.582 en doce días «enterrados en fosas comunes», aseguraba. Al tiempo se reconocía que «los ocupantes han tomado ya los barrios de la periferia este de Mariúpol». La confusión llegaba a media mañana, cuando las autoridades hablaban de un ataque a la mezquita del sultán Solimán, en donde había 80 civiles refugiados. Horas más tarde se confirmaba que si bien el barrio fue atacado, el fuego no impactó directamente contra la mezquita. Una bomba cayó a 700 metros del templo.

Los habitantes de Mariúpol esperaban recibir este sábado la primera ayuda humanitaria: 90 toneladas de alimentos y medicinas viajaron desde Zaporiyia. La viceprimera ministra ucraniana, Irina Vereshuk, aseguró que se habñian abierto nuevos corredores humanitarios para desalojar a los civiles. Casi todos conducen a Kiev o a zonas adyacentes.

La localidad de Volnóvaja, al norte de Mariúpol, está ya en manos de los rebeldes separatistas de Donetsk, pero ha quedado «completamente destruida y vacía», al haber sido evacuados todos sus habitantes. Los prorrusos de Lugansk tratan ahora de hacerse con Severodonetsk, al noreste de Donetsk, y los dirigentes de esta zona todavía bajo control de Kiev señalan que el 70% de la provincia de Lugansk ha pasado ya a manos de los separatistas.

«Grupos de desertores»

Pese a todas estas pérdidas de terreno, el Estado Mayor del Ejército ucraniano sostiene que las fuerzas rusas «pierden capacidad de combate (…) Ucrania está logrando frenar la invasión» y se observan «grupos de desertores rusos». Por su parte, el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) informaba a través de Telegram que «cerca de Odesa, unos 600 marineros rusos se han rebelado y negado a desembarcar porque comprendieron lo que estaba pasando».

Mientras, Iván Fiódorov, alcalde de Melitópol, escenario de continuas protestas de la población local contra las tropas rusas que ocupan la ciudad, sigue desaparecido. Varios hombres armados se lo llevaron el viernes en dirección desconocida y se ignora todavía su paradero. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, cree que sigue vivo, pero que «está siendo torturado por negarse a colaborar con los ocupantes».

Zelenski -que confirmaba por primera vez la muerte de al menos 1.300 militares ucranianos desde el comienzo de la contienda-, pidió incluso a su homólogo francés, Emmanuel Macron, y al canciller alemán, Olaf Scholz, que presionasen a Rusia para que libere a Fiódorov.

El politólogo y experto en temas militares ucraniano, Yuri Butúsov, cree que «la guerra continuará durante mucho tiempo (…) debemos prepararnos para una larga resistencia». Según su punto de vista, «ahora Putin está midiendo qué cantidad de territorio puede llegar a ocupar dependiendo de la resistencia que encuentre». «Mientras él continúe en el poder en Rusia estaremos siempre amenazados», asegura Butúsov.

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