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“Creo que es hora”: la frase con la que Trump selló la salida de su fiscal general

El presidente comunicó en privado a Pam Bondi su decisión de reemplazarla en un momento tan simbólico como incómodo: camino a la Corte Suprema. La salida se oficializó horas después y expone tensiones internas en su gabinete.


En un gesto tan directo como revelador del estilo de mando, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le comunicó a su entonces fiscal general, Pam Bondi, que sería reemplazada con apenas cuatro palabras: “Creo que es hora”.

La escena, según reconstruyó The Wall Street Journal, tuvo lugar el miércoles por la mañana, mientras ambos se trasladaban en la limusina presidencial rumbo a la Corte Suprema de los Estados Unidos, donde se desarrollaba una audiencia clave sobre el debate de la ciudadanía por nacimiento. La conversación, breve pero contundente, marcó el inicio formal de una salida que ya venía gestándose puertas adentro del gobierno.

Pese al impacto del anuncio, ambos compartieron la audiencia sentados uno junto al otro, en una escena cargada de tensión. Tras la actividad, Bondi intentó negociar una extensión de su permanencia en el cargo hasta el verano, pero el mandatario rechazó el pedido sin concesiones.

La salida fue oficializada al día siguiente a través de Truth Social, la red social del propio Trump, donde elogió a su colaboradora como “una gran patriota estadounidense y una amiga leal”, al tiempo que anticipó su desembarco en el sector privado. Con su desplazamiento, Bondi se convirtió en la segunda baja de peso del gabinete en este nuevo mandato, luego de la salida de Kristi Noem.

Su reemplazo será, de manera interina, su adjunto Todd Blanche, mientras en Washington ya circulan nombres para ocupar el cargo de forma permanente, entre ellos Lee Zeldin y Jeanine Pirro.

Detrás de la decisión se acumulan meses de desgaste. Fuentes cercanas al mandatario señalaron que Trump estaba insatisfecho con la gestión de Bondi, especialmente por la falta de avances judiciales contra adversarios políticos y por el manejo del caso vinculado al financista Jeffrey Epstein. Este último episodio generó un fuerte impacto público y político, sobre todo tras la controversia por la supuesta “lista de clientes” que finalmente fue desmentida por el propio Departamento de Justicia y el FBI.

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Las tensiones internas también se reflejaron en el plano mediático. Según el informe, el presidente mostraba creciente irritación por la cobertura negativa hacia su fiscal general e incluso compartía con sus asesores publicaciones críticas en redes sociales. En ese clima, el nombre de Bondi se convirtió, con el paso de los meses, en sinónimo de frustración dentro del círculo presidencial.

Desde la oposición, las críticas no tardaron en llegar. El congresista demócrata Jamie Raskin calificó la salida como “muy atrasada” y acusó a la exfuncionaria de haber utilizado el aparato judicial con fines políticos, en línea con los cuestionamientos que marcaron su gestión.

Así, con una frase breve y sin rodeos, Trump cerró un ciclo que venía erosionado desde hace tiempo. Un desenlace que, más allá de lo anecdótico, vuelve a poner en evidencia la dinámica de poder y las tensiones que atraviesan al núcleo duro de su administración.

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