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China sorprende con un centro de datos submarino impulsado por energía eólica y preparado para la era de la inteligencia artificial

El megaproyecto, ubicado frente a las costas de Shanghái, alberga unos 2.000 servidores bajo el mar y logra reducir el consumo energético gracias al enfriamiento natural del agua. La iniciativa busca responder a la creciente demanda de procesamiento que exige la revolución de la IA.


Mientras la inteligencia artificial multiplica las necesidades de procesamiento y pone a prueba la infraestructura tecnológica mundial, China dio un paso que parece sacado de una película futurista. Frente a las costas de Shanghái, el gigante asiático puso en marcha un innovador centro de datos submarino alimentado por energía eólica marina, una apuesta que combina sostenibilidad, eficiencia y alta capacidad de cómputo.

Ubicado en la zona de Lingang, a unos diez kilómetros de la costa, el proyecto representa una nueva generación de infraestructura digital. Concebido para operar completamente bajo el agua, el complejo alberga actualmente unos 2.000 servidores distribuidos en distintos niveles a unos diez metros de profundidad, con una capacidad inicial de 2,3 megavatios. Sin embargo, el objetivo final es mucho más ambicioso: alcanzar los 24 megavatios en las próximas etapas de expansión.

La instalación está conectada a un parque eólico marino de 200 megavatios mediante una red de cables especiales que permiten transportar energía renovable directamente hacia los módulos sumergidos. De esta manera, el sistema integra producción eléctrica limpia con una infraestructura tecnológica diseñada para satisfacer las crecientes demandas de la inteligencia artificial.

Uno de los principales desafíos de los centros de datos convencionales es la refrigeración. Los miles de servidores generan enormes cantidades de calor y requieren sistemas que consumen grandes volúmenes de energía y agua dulce. En el proyecto chino, en cambio, el propio océano cumple esa función.

Gracias a un sistema de intercambio térmico mediante tuberías, el agua de mar actúa como un refrigerante natural, eliminando la necesidad de utilizar métodos tradicionales. Esta solución permite reducir el consumo energético en un 22,8% y prescindir completamente del uso de agua dulce, un recurso cada vez más valioso.

La eficiencia alcanzada por el centro de datos también resulta destacable. El complejo presenta un índice PUE inferior a 1,15, una cifra cercana al valor ideal de 1, considerado el máximo estándar de eficiencia energética para este tipo de instalaciones. Además, al desarrollarse bajo el mar, reduce en más de un 90% la necesidad de ocupar superficie terrestre, una ventaja estratégica en regiones con alta densidad urbana.

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El proyecto se enmarca en un contexto de fuerte crecimiento de la inteligencia artificial, una tecnología que demanda cada vez más capacidad de procesamiento y, en consecuencia, mayores recursos energéticos. Frente a este escenario, China busca integrar en un único modelo tres factores clave: energía renovable, refrigeración eficiente y una elevada densidad computacional.

La iniciativa desarrollada en Shanghái podría marcar el comienzo de una nueva etapa para la infraestructura tecnológica global. En un mundo cada vez más dependiente de la inteligencia artificial, la combinación de centros de datos submarinos y energías limpias aparece como una alternativa capaz de reducir costos, minimizar el impacto ambiental y sostener el vertiginoso crecimiento de la economía digital.

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