Un especialista de la UTN planteó interrogantes sobre el desarrollo acuícola que impulsa la Provincia
El ingeniero pesquero Ariel Giamportone analizó los recientes anuncios vinculados a la acuicultura fueguina y reclamó mayor información sobre especies, volúmenes de producción, financiamiento y tecnología. También cuestionó las expectativas generadas en torno al impacto económico del sector.
Río Grande: Los recientes anuncios realizados por el Gobierno de Tierra del Fuego para promover el desarrollo de la acuicultura comenzaron a generar debate en ámbitos académicos y técnicos. Uno de los análisis más detallados fue el realizado por el ingeniero pesquero Ariel Giamportone, docente e investigador de la Facultad Regional Tierra del Fuego de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), quien puso el foco en aspectos que, según consideró, todavía carecen de información pública suficiente.
El especialista tomó como referencia tres iniciativas difundidas en los últimos días: el convenio firmado entre la Provincia y el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) para fortalecer los controles sanitarios y la trazabilidad; la presentación de nuevos proyectos acuícolas en Tolhuin; y la reciente carta de intención suscripta entre el Gobierno fueguino y la empresa Wanchese Cooke.
Para Giamportone, cada uno de estos anuncios puede interpretarse de manera independiente, pero al analizarlos en conjunto aparece una secuencia que abre interrogantes sobre el rumbo que podría tomar la actividad acuícola en la provincia.
La presencia de Cooke y las dudas sobre el modelo productivo
Uno de los puntos centrales de su análisis estuvo relacionado con la participación de Wanchese Argentina S.R.L., firma vinculada al grupo canadiense Cooke, considerado uno de los mayores productores de salmón atlántico del mundo y una de las empresas pesqueras privadas más importantes a nivel internacional.
El investigador observó que, pese a esa trayectoria empresarial, en los comunicados oficiales difundidos hasta el momento no se menciona de manera explícita la producción de salmón, aun cuando la compañía manifestó interés en evaluar oportunidades de inversión en Tierra del Fuego tras la sanción de la Ley Provincial N.º 1601, normativa que abrió nuevas posibilidades para el desarrollo acuícola.
“Llama la atención que la palabra salmón no aparezca en ninguna de las publicaciones oficiales, considerando el perfil productivo de la empresa involucrada”, señaló.
Falta de precisiones sobre producción y empleo
Otro de los cuestionamientos formulados por el especialista estuvo vinculado a la ausencia de datos concretos respecto de las escalas productivas previstas.
Según indicó, los anuncios destacan potenciales beneficios vinculados al empleo, la inversión y el fortalecimiento de proveedores locales, pero no especifican volúmenes de producción ni metas cuantificables.
“Hablan de empleo, desarrollo y red de proveedores, pero no aparecen las toneladas proyectadas”, advirtió.
Para contextualizar el debate, recordó que durante 2024 la producción acuícola de Tierra del Fuego alcanzó apenas 22,5 toneladas, una cifra que, a su entender, obliga a discutir con mayor precisión cuáles son los objetivos reales de crecimiento del sector.
En ese sentido, sostuvo que cualquier estimación sobre generación de puestos de trabajo debería estar respaldada por información concreta sobre especies, volúmenes de producción y capacidad instalada.
El rol del Estado y la secuencia de inversiones
Giamportone también observó lo que consideró una particular secuencia entre las inversiones públicas y el interés privado.
Según explicó, primero se concretó el convenio con SENASA, luego se comprometieron recursos del Fondo para la Ampliación de la Matriz Productiva Fueguina (FAMP) para proyectos vinculados a la acuicultura y posteriormente comenzaron a difundirse cartas de intención e intereses empresariales.
“El Estado construye la infraestructura primero y el privado evalúa después”, resumió.
Para el investigador, esta dinámica merece ser discutida públicamente para comprender con claridad cuál será el alcance de las inversiones y qué compromisos concretos asumirán los actores privados involucrados.
El contraste con la historia pesquera fueguina
El eje principal de su planteo estuvo relacionado con la comparación entre las expectativas generadas alrededor de la acuicultura y el desempeño histórico de la actividad pesquera provincial.
Giamportone recordó que durante más de cuarenta años la pesca fueguina se desarrolló sobre recursos de alto valor comercial como la centolla, la merluza negra, el langostino y la polaca, aunque bajo un esquema orientado principalmente a la exportación de materias primas y con niveles limitados de industrialización en tierra.
Desde esa perspectiva, cuestionó que se proyecten transformaciones significativas a partir de la acuicultura sin haber resuelto previamente desafíos estructurales que afectan a las cadenas productivas ya existentes.
“¿Por qué la acuicultura haría en cinco años lo que la pesca no hizo en cuarenta?”, planteó.
Asimismo, se preguntó si una empresa internacional con un modelo de negocios históricamente enfocado en la exportación de productos primarios modificaría sustancialmente su estrategia al desembarcar en Tierra del Fuego.
Más valor agregado y un debate con información concreta
Lejos de rechazar el desarrollo de la actividad acuícola, el especialista aclaró que considera valiosas determinadas experiencias productivas que ya se desarrollan en la provincia.
En particular, destacó el crecimiento de la mitilicultura en el Canal Beagle, actividad que definió como técnicamente compatible con las condiciones ambientales fueguinas y con potencial para continuar expandiéndose de manera sostenible.
Sin embargo, insistió en que el debate sobre el futuro de la acuicultura debe apoyarse en información concreta y verificable.
Como alternativa, propuso fortalecer la actividad pesquera tradicional mediante mayores niveles de procesamiento en plantas radicadas en la provincia, la revisión de normativas vinculadas al procesamiento a bordo y la promoción de productos con mayor valor agregado.
Finalmente, resumió su postura en una serie de interrogantes que, según afirmó, aún esperan respuesta.
“Lo único que pediría, como técnico, es que el discurso oficial diga las cuatro cosas que faltan: cuántas toneladas, de qué especie, con qué tecnología y con qué fondos. Mientras eso no esté, ‘polo’ es un adjetivo”, concluyó.
