La discusión por el financiamiento educativo en Tierra del Fuego sumó cuestionamientos desde el sector comercial
Mientras el Gobierno provincial busca recursos para sostener el sistema educativo, la Cámara de Comercio de Río Grande advierte que una nueva presión tributaria podría agravar la crisis del sector privado. Su presidente, José Luis “Gigi” Iglesias, reclamó planificación, inversión y una política económica que no vuelva a cargar el costo del ajuste sobre quienes producen y generan empleo.
El debate por el financiamiento educativo en Tierra del Fuego volvió a exponer una discusión de fondo: cómo garantizar los recursos que necesita el Estado sin profundizar las dificultades de una economía provincial golpeada por la caída de la actividad, la incertidumbre empresarial y la fragilidad del empleo privado. Desde el sector comercial, la respuesta fue contundente. José Luis “Gigi” Iglesias, presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Producción de Río Grande (CCIP), calificó la iniciativa como un “impuestazo” y alertó sobre las consecuencias que, a su entender, podría tener una nueva carga tributaria sobre empresas, trabajadores y consumidores.
En diálogo con La Mañana de la Tecno, por Radio Universidad 93.5 MHz, Iglesias confirmó que la Comisión Directiva de la entidad, junto con asesores externos, comenzó a analizar el proyecto y expresó su preocupación por las modificaciones impositivas previstas. Su cuestionamiento no se limitó a los detalles de la propuesta: apuntó directamente a una modalidad de gestión que, según sostuvo, vuelve a recurrir al incremento de tributos ante las dificultades financieras, sin ofrecer un horizonte económico sostenible.
“Son ajustes sobre ajustes y no hay una provincia posible que nos presente un proyecto sostenido a largo plazo”, afirmó. La frase resume el malestar de una parte del empresariado fueguino, que reclama previsibilidad y cuestiona que las soluciones fiscales se apoyen reiteradamente en mayores obligaciones para los sectores formales.
La discusión, sin embargo, no debería reducirse a una confrontación entre educación y actividad privada. La necesidad de financiar el sistema educativo constituye una responsabilidad pública, pero también lo es diseñar mecanismos que contemplen la capacidad contributiva, el contexto económico y el impacto real de las medidas sobre el empleo. El desafío está en evitar que una política destinada a fortalecer un servicio esencial termine generando nuevas dificultades en los sectores que sostienen buena parte de la actividad económica.
Una economía que necesita algo más que nuevos impuestos
Iglesias planteó que Tierra del Fuego necesita revisar su modelo de desarrollo y dejar atrás las respuestas coyunturales. A su entender, los problemas que hoy atraviesan la industria y el comercio no aparecieron de un día para otro y podrían haberse enfrentado con una planificación de largo plazo.
El señalamiento vuelve a poner en cuestión la ausencia de una estrategia económica integral que articule al Estado, la producción y el empleo. En una provincia marcada por la dependencia de determinadas actividades, la discusión sobre los recursos fiscales debería estar acompañada por políticas concretas para diversificar la matriz productiva, estimular inversiones y generar condiciones estables para el sector privado.
El titular de la Cámara advirtió especialmente sobre el riesgo que una mayor presión tributaria representa para los puestos de trabajo. “Los empleados nuestros tienen que tener certeza en su continuidad laboral y, como vamos nosotros, no lo vamos a poder sostener. Esto es real y simple”, sostuvo.
Detrás de esa advertencia aparece una preocupación central: cuando los costos aumentan y las ventas no acompañan, los comercios tienen menos margen para sostener sus estructuras. La consecuencia puede trasladarse a los precios, a la inversión o, en el escenario más delicado, al empleo. Se trata de un impacto que Iglesias considera necesario evaluar antes de avanzar con nuevas obligaciones fiscales.
La informalidad, otra señal de alerta
El dirigente también apuntó contra el crecimiento de la informalidad comercial, un fenómeno que —según relató— preocupa tanto en Tierra del Fuego como en otras regiones del país. Durante una reciente estadía en Buenos Aires, mantuvo contactos con representantes de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), donde abordó esta problemática.
“El mismo tema de la informalidad nos está destruyendo”, expresó, al describir situaciones que, de acuerdo con su experiencia, también se registran en distintas provincias del norte argentino.
Su planteo pone de relieve una contradicción que atraviesa al comercio: mientras los establecimientos registrados afrontan obligaciones impositivas, laborales y administrativas, otros operadores pueden desarrollar actividades sin asumir las mismas cargas. Iglesias aclaró que el problema no pasa por cuestionar a quienes buscan una alternativa para subsistir, sino por la responsabilidad del Estado de fiscalizar y garantizar condiciones equitativas.
En ese marco, una política tributaria que incremente los costos del sector formal sin abordar las causas de la informalidad podría profundizar, en lugar de corregir, las desigualdades que el propio dirigente denuncia.
El puerto, las rutas y la deuda del desarrollo
Más allá de la discusión impositiva, Iglesias reclamó una agenda de inversión e infraestructura que permita ampliar las posibilidades productivas de Río Grande y de toda la provincia. “Si no hay un desarrollo de la ciudad y de la provincia sustentable y lógico, de aprovechamiento de recursos, me parece que no hay salida. Necesitamos inversión, necesitamos abrir la mente al trabajo”, afirmó.
En ese sentido, mencionó proyectos que llevan años formando parte del debate público, como el puerto de Río Grande y las obras viales necesarias para mejorar la conexión terrestre con Chile. Para el dirigente, la concreción de estas iniciativas resulta fundamental para aprovechar los recursos, fortalecer la actividad privada y generar empleo genuino.
El reclamo apunta a una cuestión que excede la coyuntura: una provincia que necesita recursos para sostener sus servicios públicos también requiere una economía capaz de producirlos. Sin inversión, infraestructura y planificación, el debate fiscal corre el riesgo de convertirse en una discusión recurrente sobre cómo distribuir una disponibilidad limitada, en lugar de avanzar sobre las condiciones necesarias para ampliarla.
En vísperas del Día del Empleado de Comercio, Iglesias saludó a los trabajadores del sector y reafirmó el compromiso de los empresarios con la preservación de las fuentes laborales. “Trataremos de hacer todo lo posible para mantener la fuente de trabajo”, expresó.
El debate por el financiamiento educativo deja así planteado un desafío que no admite soluciones simplistas: garantizar los recursos para la educación y, al mismo tiempo, preservar las condiciones que permiten sostener empresas y puestos de trabajo. La advertencia de la Cámara de Comercio instala una pregunta de fondo para la política fueguina: ¿cómo financiar las obligaciones del Estado sin seguir postergando la construcción de un modelo económico que genere producción, inversión y empleo?
