José Luis Cabezas: el crimen que expuso al poder y quebró la impunidad
Cada 25 de enero, la Argentina vuelve a recordar el asesinato del reportero gráfico José Luis Cabezas, un crimen mafioso que marcó a fuego a la democracia. Su muerte no fue un hecho aislado: fue un mensaje del poder económico, político y policial de los años noventa, y una herida que sigue abierta a casi tres décadas.

Cada 25 de enero, la memoria colectiva argentina regresa a la cava de General Madariaga, cerca de Pinamar, donde en el verano de 1997 asesinaron a José Luis Cabezas. El reportero gráfico de la Editorial Perfil fue víctima de un crimen que se transformó en un mensaje del poder directo a la sociedad democrática.
El fotoperiodista cubría la temporada para la revista Noticias en el epicentro del veraneo de la clase política y empresarial. Era el lugar donde el poder argentino exhibía su riqueza y hacía relaciones públicas, negocios y alianzas bajo el clima de la “pizza con champagne” y la convertibilidad.
Esa madrugada, Cabezas se retiró de una fiesta organizada por el empresario Oscar Andreani, y fue secuestrado a pocos metros de la residencia del entonces gobernador bonaerense, Eduardo Duhalde, según surgió del juicio a sus asesinos y cómplices.
Lo golpearon, lo obligaron a arrodillarse, le dispararon dos veces en la nuca y luego prendieron fuego su auto con el cuerpo adentro en un pozo en General Madariaga. Había sido torturado a golpes y estaba esposado. No se trató de un robo ni de un hecho ocasional, sino de una ejecución planificada para silenciarlo. Tenía 35 años, estaba casado y tenía tres hijos, la más pequeña de tan solo 5 meses.
El móvil principal del crimen y el fin de la impunidad en la Argentina
Alfredo Yabrán era el empresario más poderoso y enigmático de esa época: dueño de correos privados, depósitos fiscales y logística aeroportuaria, se movía en las sombras. Sus hijos eran reconocidos por un “clavel rojo” en los aeropuertos de todo el mundo, al mejor estilo de la mafia y el crimen italiano. Había empezado sus negocios en plena dictadura militar, en 1975.
“Sacarme una foto a mí es como pegarme un tiro en la frente”, había dicho el exempresario que nació en el pueblo de Larroque, en Entre Ríos, y era el séptimo hijo de Nallib Miguel Yabrán y Emilia Tufic Marpez, ambos hijos de inmigrantes libaneses.
En el verano de 1996, un año antes del crimen, José Luis Cabezas logró fotografiarlo caminando por la playa de Pinamar junto a su mujer. Como consecuencia, Yabrán perdió la impunidad del anonimato.
Un año después, el equipo integrado por Cabezas y Gabriel Michi fue a cubrir la temporada que le hacía competencia a Punta del Este, en Uruguay, buscando conocer el rostro del magnate. La familia de José Luis ya había sido amenazada y Yabrán tenía una pelea pública con el exministro de Economía de Carlos Menem, el cordobés Domingo Felipe Cavallo. El político lo acusó de ser un hombre mafioso que buscaba el monopolio de los servicios postales de la época, incluyendo el Correo Argentino, causa que intensificó la investigación periodística.
Poder, impunidad y “la maldita Policía”
El crimen de José Luis Cabezas no ocurrió porque sí. Sucedió en un contexto donde se mezclaron los intereses ilegítimos del poder político y policial. La investigación inicial estuvo “embarrada” por facciones dentro de la Policía Bonaerense, que sembraron el expediente de pistas falsas para desviar la investigación.
Las crónicas de esos años citan una interna entre Menem, quien tenía vínculos cercanos con Yabrán, y el gobernador Duhalde. En este marco, Cavallo había denunciado a Yabrán en el Congreso como jefe de una “mafia” enquistada en el poder.
Este fue el “pecado” del fotoperiodista: reveló el rostro del empresario del momento, que se jactaba de ocultar su identidad y ostentaba el respaldo económico y político en pleno menemismo.
Bajo la bandera “No se olviden de Cabezas”, la sociedad argentina se movilizó para impedir que el caso quedara impune. Con la cara de José Luis como estandarte, todo un país pidió justicia y dijo basta a la impunidad de los poderosos.
La Justicia probó que el asesinato fue orquestado por Gustavo Prellezo, un oficial de la policía bonaerense que trabajaba para la seguridad de Yabrán, quien contrató a una banda de delincuentes de la zona de Los Hornos, La Plata, conocidos como “Los Horneros”. La causa terminó con una condena a 10 personas, entre expolicías y otros condenados, que actuaron creando “zonas liberadas” para cometer este y otros delitos, con un modo parapolicial conocido como “la maldita Policía” que, con los años, originó una purga en la fuerza.
Increíblemente, Yabrán se suicidó en 1998 en un campo de su propiedad en Aldea San Antonio, en el departamento Gualeguaychú, cuando se vio acorralado por una orden de detención. Los peritos verificaron que se pegó un tiro en la boca con una escopeta y pudieron reconocer su rostro.
“El ángulo de disparo era de unos 45 grados y directo al paladar”, declaró el médico forense Oscar Chiapetti, que trabajó en la autopsia del cadáver del exempresario junto a sus colegas Antonio Occhi, de Concepción del Uruguay y jefe de la Zona Este del Cuerpo Médico Forense, y el Dr. Jorge Míguez Iñarra.
El periodista Manuel “Paco” Lazo, de la ciudad entrerriana de Gualeguay, fue el primero en informar la muerte de Alfredo Yabrán, el empresario más poderoso del país, el 20 de mayo de 1998.
A casi 3 décadas del homicidio su familia vive afuera del país debido a la presión y las amenazas que enfrentaron tras su asesinato. Sus padres, Gladys y José murieron pidiendo justicia y su hermana Gladys sigue batallando y no se cansa de aclarar que “José Luis fue una víctima de los poderosos, no un símbolo de la libertad de prensa”.
Gabriel Michi remarcó a C5N que “el asesinato de mi compañero y amigo José Luis Cabezas fue sin duda un mensaje mafioso para toda la prensa y para toda la sociedad”. Remarcó que el gobierno menemista marcó un momento crítico donde los ataques al periodismo se habían vuelto algo frecuente, pero no tan extremo como un asesinato.
Fue fundamental la reacción social, acompañada por los medios comprometidos con la búsqueda de la verdad, y evitó que hubiese otros casos Cabezas: “El crimen de José Luis fue el primero y el último de los asesinatos contra periodistas a diferencia de lo que ha ocurrido en otros países como Colombia, México, Guatemala y Honduras”, subrayó el periodista.
Agregó: “Lamentablemente a 29 años del crimen hace mucho tiempo que todos sus asesinos están libres, a pesar de haber sido condenados a perpetua (prisión) y esa es una herida abierta, lacerante, para la familia de José Luis, para sus amigos y compañeros y para todo el periodismo argentino como también para toda la sociedad”. Michi habló de un fallo ejemplar pero que cumplieron una mínima parte de la pena y salieron en libertad por el mal accionar de la Cámara de Casación de la Provincia de Buenos Aires que les bajó la condena.
“A 29 años del crimen el reclamo sigue siendo el mismo: la memoria, la verdad y la justicia en nombre de José Luis. Pedimos que No se olviden de Cabezas y decimos Cabezas Presente”, cerró Michi.
C5N