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Le robaron a su hijo durante la dictadura y lo encontró 35 años después

Kyle Adler fue adoptado por una familia estadounidense cuando tenía nueve meses. Décadas después descubrió que había sido víctima de una red de adopciones irregulares y logró reencontrarse con su madre biológica en Chile.

El abrazo ocurrió en el aeropuerto de Santiago y puso fin a una espera de más de tres décadas. Entre lágrimas, emoción y palabras entrecortadas, Ana María Navarrete y su hijo Kyle Adler se reencontraron por primera vez desde que fueron separados cuando él era apenas un bebé. Lo que para ambos parecía una historia imposible de reparar terminó convirtiéndose en una de las tantas reunificaciones que buscan sanar una de las heridas más profundas de la historia reciente de Chile.

Kyle, hoy de 36 años, creció en Estados Unidos sin conocer la verdadera historia de su origen. Fue adoptado en 1990 por una familia estadounidense y pasó su infancia en un suburbio de Chicago. Aunque siempre supo que era adoptado, desconocía que había sido separado ilegalmente de su madre biológica en medio de una red de adopciones fraudulentas que operó en Chile durante la dictadura de Augusto Pinochet.

El descubrimiento llegó años después y provocó una profunda crisis de identidad. “Ha sido muy revelador ver quiénes son los míos. Siento el amor, siento la compasión, el cariño. Es bonito volver a tener una familia”, expresó tras conocer a sus familiares biológicos.

Según relató, durante gran parte de su vida se exigió constantemente alcanzar metas y encontrar un propósito. Sin embargo, llegó un momento en que sintió que necesitaba respuestas sobre su pasado. “Sabía que era adoptado y, en ese momento, me di cuenta de que tenía que encontrar a mi mamá”, recordó.

La historia de Ana María tampoco fue sencilla. Tenía apenas 19 años cuando dio a luz a Kyle en la ciudad costera de Coronel. Madre soltera y con dificultades económicas, trabajaba por las noches en una pescadería para sostenerse. Ante la imposibilidad de cuidar al bebé sola, confió temporalmente su crianza a una mujer cercana. Poco después, el niño desapareció de su vida.

Durante años creyó que nunca volvería a verlo. Más tarde supo que su hijo habría sido entregado a una pareja extranjera mediante una estructura ilegal que, según distintas investigaciones judiciales, involucró a intermediarios, funcionarios públicos, personal de salud, jueces y organismos vinculados a procesos de adopción internacional.

RIO GRANDE

El caso de Kyle no es aislado. Diversas investigaciones estiman que miles de niños chilenos fueron separados de sus familias entre las décadas de 1970 y 1990 y enviados principalmente a Europa y Estados Unidos bajo procedimientos plagados de irregularidades. Muchas madres denunciaron haber sido engañadas, presionadas o directamente informadas falsamente sobre la muerte de sus hijos.

La búsqueda de Kyle comenzó a tomar forma en 2017, cuando encontró en internet a la organización Nos Buscamos, dedicada a reunir familias separadas por adopciones irregulares. A través del trabajo de su fundadora, Constanza del Río, logró reconstruir su historia y establecer los primeros contactos con Chile.

Años después, una prueba de ADN confirmó definitivamente el vínculo biológico con Ana María. El resultado abrió la puerta a un encuentro largamente esperado que se concretó en febrero de este año.

Las imágenes del reencuentro muestran a madre e hijo fundidos en un abrazo interminable. “Estoy tan feliz de finalmente conocerlo. Mi sueño se hizo realidad”, dijo Navarrete mientras las lágrimas le impedían terminar las frases.

Durante una semana compartieron momentos que buscaron recuperar parte del tiempo perdido. Recorrieron el hospital donde nació Kyle, visitaron la vivienda desde la que fue llevado y obtuvieron una copia de su acta de nacimiento original. También pudo conocer a algunos de sus hermanos, con quienes comenzó a construir nuevos vínculos.

Sin embargo, la alegría del reencuentro convive con el dolor por los años de ausencia. “Me demoré tanto en buscarlo para estar una semana con él y después no verlo más. Lo encontré, pero a la vez lo perdí igual”, confesó Ana María.

Para Kyle, el proceso recién comienza. Entre la reconstrucción de su identidad, el conocimiento de una nueva familia y la necesidad de comprender lo ocurrido, intenta mirar hacia adelante sin dejar de reconocer el pasado. Antes de despedirse de su madre, le dejó una frase que resume el significado de ese encuentro: “No soy sólo el hijo que perdiste. Soy el hijo que encontraste. He vuelto a ser tu hijo”.

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