Primera cosecha de algas en Santa Cruz: Un paso histórico hacia la acuicultura sostenible
El proyecto en Puerto San Julián marca un hito en el país y abre nuevas oportunidades productivas con impacto ambiental positivo en la Patagonia.
Santa Cruz: En las aguas frías y abiertas de la bahía de Puerto San Julián, un proyecto pionero comienza a dar sus primeros frutos o, mejor dicho, sus primeras algas. Allí se concretó la primera cosecha de cultivo marino del país, una experiencia inédita que busca posicionar a la acuicultura como una alternativa productiva sostenible en la Patagonia.
La iniciativa es impulsada por la Fundación Por el Mar, que lleva adelante un ensayo centrado en el cultivo de Macrocystis pyrifera, conocida como cachiyuyo. “Es la primera vez que se cultivan algas marinas en la Argentina. Nuestro objetivo es encontrar nuevas formas de producir de manera sostenible”, explicó Martina Sasso.

El proyecto comenzó hace dos años con el desarrollo de esporas microscópicas en laboratorio, en una planta reconvertida especialmente para este fin. Tras estudios en agua, sedimentos e infauna, el cultivo avanzó hacia su etapa en mar abierto, donde las algas crecieron hasta alcanzar el tamaño esperado en pocos meses, permitiendo así concretar la primera cosecha.
Esta producción inicial tiene un destino experimental: la elaboración de bioestimulantes agrícolas. Se trata de productos naturales que, a diferencia de los fertilizantes tradicionales, no aportan nutrientes artificiales, sino que potencian los procesos biológicos del suelo. Para obtenerlos, las algas se procesan mediante fermentación, generando extractos que mejoran la calidad y productividad de los suelos.
El potencial de la Macrocystis pyrifera trasciende este primer uso. A nivel global, se emplea en la fabricación de fertilizantes, cosméticos, productos farmacéuticos y suplementos alimenticios. También se investiga su aplicación en la producción de pellets para alimentación ganadera, una alternativa que podría resultar especialmente valiosa en regiones como la Patagonia durante el invierno.
Más allá de lo productivo, el proyecto pone en valor el rol ambiental de los bosques de macroalgas, ecosistemas clave del mar patagónico. Estas formaciones no solo producen oxígeno y capturan carbono, sino que también sostienen una amplia biodiversidad. De hecho, estudios científicos señalan que los bosques de algas de la región podrían constituir algunos de los últimos refugios climáticos del planeta.
En este contexto, la experiencia se alinea con políticas recientes como la ley sancionada en Tierra del Fuego en 2024, que establece lineamientos para la conservación y el manejo sostenible de los bosques marinos de macroalgas. La normativa promueve el desarrollo de la alguicultura bajo criterios sustentables, evitando el impacto de prácticas extractivas.
Así, desde el sur argentino, comienza a tomar forma una nueva frontera productiva que combina innovación, ciencia y cuidado ambiental, con el potencial de transformar la relación entre economía y naturaleza en los mares del país.
