INTERÉS GENERAL

Salmones muertos en Chiloé: 283 toneladas reavivan el debate por la salmonicultura en Tierra del Fuego

Un evento de mortalidad masiva en el sur de Chile vuelve a poner bajo la lupa el modelo industrial en jaulas y sus riesgos ambientales, justo cuando en Argentina se flexibilizó la normativa para habilitar la producción de salmónidos en aguas fueguinas.

A pocos meses de la aprobación —no exenta de fuertes polémicas— de la modificación de la Ley 1355 en Tierra del Fuego, el espejo regional vuelve a reflejar una escena inquietante. Esta vez, desde el archipiélago de Chiloé, en el sur de Chile, donde una mortandad masiva de salmones sacudió a la comuna de Quinchao, en la Región de Los Lagos.

La información fue difundida por CNN Chile y confirmada por el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca): cerca de 283 toneladas de salmón —equivalentes a alrededor del 10% de la biomasa total del centro de cultivo afectado— murieron en un episodio atribuido, preliminarmente, a una baja de oxígeno en el sector.

Según detalló el organismo, fiscalizadores se encuentran en terreno supervisando el cumplimiento del plan de contingencia activado por la empresa responsable. La biomasa comenzó a ser retirada mediante un pesquero de alta mar (PAM) y trasladada a la planta reductora La Portada, siguiendo el protocolo de disposición establecido para este tipo de emergencias.

El director regional de Sernapesca en Los Lagos, Cristian Hudson, señaló —en declaraciones recogidas por el medio y por el comunicado oficial— que este tipo de fenómenos oceanográficos son “ocasionales” en la región. No obstante, aseguró que el monitoreo continuará tanto en el centro afectado como en otros cercanos, ante la posibilidad de que el fenómeno se extienda.

El fondo del mar como zona de riesgo

Pero mientras las autoridades hablan de contingencia y protocolos, organizaciones socioambientales advierten sobre impactos que podrían ir más allá de la cifra inmediata.

Cadenas abandonadas por las salmoneras ya se hicieron parte del paisaje submarino (Foto ilustrativa- Greenpeace )

Desde Defendamos Patagonia y Austerra Society alertaron que un volumen de peces muertos de esa magnitud puede traducirse en contaminación de los fondos marinos. La descomposición de la biomasa libera nutrientes y otras sustancias que agravan la falta de oxígeno, afectando la vida bentónica y generando condiciones propicias para la formación de “zonas muertas”.

RIO GRANDE

Las críticas también apuntan al modelo estructural de la industria en jaulas: acumulación de materia orgánica bajo los centros de cultivo, uso de químicos —incluidos antibióticos— y presión constante sobre el oxígeno disuelto. Para estos espacios ambientales, el episodio no es un hecho aislado, sino la expresión de una dinámica productiva que tensiona los límites ecológicos del ecosistema costero.

Además, subrayaron el potencial impacto sobre la pesca artesanal, una actividad que depende directamente de la salud del mar. En casos de mortalidades masivas, advierten, el manejo debe ser inmediato para evitar focos de contaminación secundaria y eventuales problemas sanitarios.

El espejo chileno y la discusión fueguina

El episodio en Chiloé irrumpe en un momento especialmente sensible para Tierra del Fuego. La Ley 1355, sancionada en 2021, había prohibido el cultivo de salmones en aguas provinciales. Sin embargo, en diciembre de 2025 el gobierno impulsó una modificación bajo el argumento del “desarrollo de la acuicultura” y la diversificación de la matriz productiva.

El cambio normativo reabrió un debate que parecía saldado. Sectores científicos, organizaciones sociales y parte de la ciudadanía cuestionaron la reforma, advirtiendo sobre los riesgos ambientales y la falta de licencia social. También señalaron inconsistencias en el proceso político que acompañó la modificación, al que calificaron de apresurado y atravesado por acuerdos inesperados.

En ese contexto, las 283 toneladas de salmones muertos en Quinchao no son solo una cifra: se convierten en advertencia. La escena chilena instala una pregunta incómoda pero central para el debate fueguino: ¿están dadas las condiciones de control, fiscalización y capacidad de respuesta ante un evento de esta magnitud en ecosistemas frágiles y de alto valor ambiental?

Más allá de los protocolos activados y las explicaciones técnicas, el episodio vuelve a exponer la tensión entre expansión productiva y resguardo ecológico. Y recuerda que, cuando el mar pierde oxígeno, el debate también se vuelve urgente.

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