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El Modelo Bukele cruza fronteras: Costa Rica y el nuevo consenso del Caribe

La victoria de Laura Fernández en Costa Rica confirma el avance regional de un nuevo consenso político basado en seguridad, mano dura y control territorial, en un contexto donde la supervivencia desplaza a la ideología.

Durante décadas, el Caribe fue leído como un tablero ideológico: izquierda y derecha, alineamiento y resistencia, democracia liberal o populismo. Ese mapa ya no sirve. Hoy, la región se ordena según un criterio mucho más primario y brutal: quién puede ejercer control efectivo sobre el territorio y quién no. La política dejó de ser una disputa de ideas para convertirse en una disputa por la supervivencia.

En ese marco, el reciente triunfo electoral en San José no representa solo una alternancia de gobierno, sino el fin de una excepción histórica. Costa Rica, durante años presentada como la “Suiza centroamericana”, abandona su singularidad y se incorpora al nuevo consenso regional: orden, mano dura y centralización del poder. La victoria de Laura Fernández, con el 53% de los votos en primera vuelta, confirma la expansión del “Modelo Bukele” más allá de El Salvador.

La campaña de Fernández se estructuró sobre una promesa clara y sin ambigüedades: restaurar el orden público frente a una crisis de seguridad inédita. Entre 2024 y 2025, el país registró récords históricos de homicidios, impulsados por la consolidación de rutas del narcotráfico, la exportación de estupefacientes y el enfrentamiento entre bandas criminales. El contrato social costarricense, basado durante décadas en la estabilidad institucional, colapsó ante la incapacidad del Estado para garantizar la seguridad física de su población.

Lejos de tratarse de un fenómeno aislado, el giro costarricense se inscribe en una transformación estructural del Caribe y Centroamérica, donde la legitimidad política ya no se mide por la calidad democrática, sino por la eficacia coercitiva. En este nuevo escenario, la pregunta central dejó de ser cómo se gobierna y pasó a ser si el Estado puede imponer orden.

Fernández ha prometido profundizar la cooperación con el USA Western Hemisphere Command (USAWHC), integrando capacidades de defensa nacional con operaciones de seguridad regional bajo la lógica del nuevo paradigma estadounidense de “dominio hemisférico”. El respaldo de Washington fue inmediato: el secretario de Estado de Estados Unidos la felicitó formalmente, subrayando que la seguridad y estabilidad de Costa Rica constituyen “prioridades compartidas”.

Este realineamiento no es ideológico, sino funcional. Es el reflejo de una región donde la democracia liberal ya no compite contra modelos alternativos, sino contra el caos armado. Y frente a ese enemigo, los votantes parecen haber tomado una decisión clara: ceder libertades a cambio de control.

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