CALF, Huawei y una nueva pulseada geopolítica en la Patagonia
Una advertencia diplomática por el uso de tecnología china convirtió una decisión empresarial de CALF en un conflicto geopolítico. El silencio del Gobierno argentino vuelve a poner en discusión los límites de su autonomía frente a las grandes potencias.

El conflicto tecnológico entre Estados Unidos y China ya no se libra solamente en Washington, Beijing o los grandes mercados globales. También llegó a Neuquén. Allí, una cooperativa eléctrica quedó en el centro de una disputa por el uso de tecnología Huawei para un centro de datos vinculado al desarrollo de Vaca Muerta. La presión de Washington, la respuesta de Beijing y el silencio de Buenos Aires exponen una tensión que Argentina intenta administrar desde hace años: cómo relacionarse con dos potencias de las que depende, sin resignar capacidad de decisión propia.
Cuando la geopolítica se enfrenta a una cooperativa
El conflicto se originó el 12 de julio, cuando el gerente de Tecnologías de la Información de la cooperativa eléctrica CALF —la mayor distribuidora de energía de la Patagonia— empezó a recibir mensajes de WhatsApp del agregado de Asuntos Económicos de la Embajada de Estados Unidos. El contenido era una advertencia sobre la posible cancelación de visas norteamericanas a directivos de la entidad si esta avanzaba en la construcción de un centro de datos con la firma china Huawei en Vaca Muerta. Según trascendió, la amenaza alcanzaría a unas dieciocho personas entre la conducción y la sindicatura de la cooperativa.
La respuesta de la Embajada de la República Popular China en Buenos Aires calificó la actuación estadounidense de “chantaje con visados”, acusando a Washington de violar la soberanía argentina, pisotear las normas del libre mercado e instrumentalizar el concepto de seguridad nacional para frenar el desarrollo de empresas chinas en el extranjero.
Por su parte, CALF defendió la autonomía de la entidad y argumentó que su matriz tecnológica es de arquitectura multiproveedor servidores de origen estadounidense, equipos ABB suizos, routers europeos, y electrónica Huawei y que las decisiones de compra responden estrictamente a criterios de costo, financiamiento y factibilidad técnica.
El rol del Estado argentino
El Estado argentino, mientras tanto, optó por no intervenir ni ofrecer amparo diplomático a la cooperativa. Frente a esa inacción, cabe preguntarse si lo más conveniente para el Estado es no actuar, o si resulta más estratégico pronunciarse para ganar autonomía en sus propios conflictos, ya que resulta crucial que las potencias entiendan que la Argentina no es un Estado pasivo.
El Estado nacional, que representa en mayor medida la política exterior, debe proveer un resguardo inquebrantable a los sectores estratégicos de la economía. Cómo construir esa respuesta —algo que exige rigor diplomático, más aún por la posición incómoda de la Argentina entre EE. UU. y China— es también responsabilidad de la Cancillería.
La no respuesta también tiene un costo que se paga en las negociaciones futuras. En las cumbres, foros y encuentros entre actores internacionales, la percepción de unos países frente a otros suele pesar más que los hechos. Eso le da mucha relevancia al rol que cada país logra construir frente a las potencias, sobre todo cuando se trata de economías en desarrollo. Y esa percepción se construye, en gran parte, a partir del posicionamiento.
Vaca Muerta frente al tablero global
Vaca Muerta no es solo la segunda reserva mundial de gas y la cuarta de petróleo no convencional mundial, sino también un enclave que depende críticamente de la tecnología para funcionar. El desarrollo de la cuenca bajo el paradigma de la “Cuenca Inteligente” (Oilfield 4.0) exige automatización constante —fracking, telemetría de pozos en tiempo real, monitoreo sísmico, procesamiento algorítmico con inteligencia artificial—, sin la cual la gestión física y energética del yacimiento resulta inviable.
Esa dinámica opera en dos capas interconectadas: una física y energética —pozos, oleoductos, estaciones de bombeo y el tendido eléctrico que distribuyen actores locales como CALF— y una digital, que funciona como el sistema nervioso del territorio a través de redes de fibra óptica (Calfibra), conmutadores y centros de datos regionales.
Es en esa capa digital donde se traslada la disputa geopolítica, ya que el mercado local se inclina por Huawei debido a su competitividad en costos y facilidades de financiamiento, desplazando a proveedores occidentales tradicionales como HPE, ABB o Eaton, y convirtiendo la modernización técnica de la cuenca en un punto de fricción estratégica.
El caso CALF tampoco es aislado: el centro de datos principal de YPF y el operador eléctrico de Córdoba (EPEC) ya funcionan con infraestructura Huawei, lo que expone la asimetría de las exigencias diplomáticas de Washington. Presionar a una cooperativa subnacional es, en los hechos, más viable que exigir una reconversión tecnológica global de la infraestructura ya instalada a nivel nacional —y en buena parte del mundo.
¿Qué hay detrás de la pasividad argentina?
El silencio del Estado nacional puede entenderse como el resultado de una cadena, no como un hecho aislado. En su base está una cuestión estructural: la deuda con el FMI empuja a un discurso de alineamiento con Estados Unidos que coincide con un respaldo ideológico, mientras que la dependencia del swap con el Banco Popular de China resulta indispensable para estabilizar reservas y sostener exportaciones agroindustriales. China es, además, el primer socio comercial del país, y desde Beijing se pidió recientemente una visita ministerial argentina para cerrar acuerdos comerciales relevantes para Argentina.
Este atrapamiento produce lo que los politólogos Esteban Actis y Bernabé Malacalza llaman “autonomía líquida”: dentro de un bipolarismo entrópico (caótico), la política exterior periférica se vuelve reactiva, errática y fragmentada por falta de un proyecto de largo plazo. Y esa autonomía líquida es la que en la práctica se traduce en pasividad estratégica: la Cancillería no respondió al pedido formal de intervención que CALF le elevó, la presidencia tampoco hizo declaraciones y la cooperativa debió buscar respaldo por su cuenta ante la Legislatura de Neuquén y el Congreso nacional.
Hay una correlación de hechos que denota que el silencio puede haber sido medido, ya que mientras la Embajada estadounidense en Argentina endurecía su postura sobre CALF, el Banco Central renovaba el swap de monedas con China.
De hecho, el silencio argentino no es una anomalía regional sino la norma: en toda América Latina, solo Costa Rica prohibió el uso de tecnología Huawei. Telefónica mantiene sus equipos Huawei en la región, mientras los retira en España y Alemania por exigencias regulatorias de los propios países.
Por ello, cabe preguntarse si el alineamiento ideológico explícito del Gobierno con Washington no vuelve a la Argentina un interlocutor más “cobrable” que Brasil o Chile, que nunca ofrecieron ese mismo compromiso retórico y, sin embargo, no enfrentaron una embestida diplomática comparable.
c5n