Día Mundial del ACV: advierten sobre la importancia de prevenir los factores de riesgo y reconocer los síntomas a tiempo
Cada 29 de octubre se busca generar conciencia sobre el accidente cerebrovascular, una de las principales causas de muerte y discapacidad. Desde la Federación Argentina de Cardiología remarcan que la prevención no depende únicamente de la salud neurológica: controlar la presión arterial, la diabetes y el colesterol, además de reconocer las señales de alarma y solicitar asistencia médica de inmediato, puede resultar determinante.

El accidente cerebrovascular (ACV) puede irrumpir de manera repentina, pero el daño que lo provoca muchas veces comienza a desarrollarse mucho antes, de forma silenciosa. En el marco del Día Mundial del ACV, que se conmemora cada 29 de octubre, la Federación Argentina de Cardiología (FAC) llamó a reforzar la prevención, prestar atención a los primeros síntomas y actuar sin demoras ante una posible emergencia.
La entidad advierte que el ACV no debe considerarse exclusivamente una enfermedad neurológica. También está estrechamente relacionado con la salud del corazón y de los vasos sanguíneos, ya que comparte con las enfermedades cardiovasculares buena parte de sus factores de riesgo. Incluso, determinadas afecciones cardíacas pueden originar coágulos que lleguen al cerebro y desencadenen un episodio.
La hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol elevado, el tabaquismo, la obesidad y el sedentarismo forman parte de los principales factores que pueden aumentar el riesgo. Por eso, desde la FAC insisten en la necesidad de sostener controles médicos periódicos y tratamientos adecuados, incluso cuando no existen síntomas evidentes.
“El cerebro es también un órgano blanco de la enfermedad vascular. Muchas veces el daño comienza mucho antes de que aparezca un evento clínico”, señaló el doctor Augusto Vicario (MN 67075), cardiólogo integrante de la FAC y coordinador de la Unidad Corazón-Cerebro del ICBA.
La presión arterial, una clave para prevenir el ACV
Entre los factores de riesgo modificables, la hipertensión arterial ocupa un lugar central. Mantener la presión bajo control es una de las medidas más importantes para reducir las posibilidades de sufrir complicaciones tanto cardíacas como cerebrales.
“Controlar adecuadamente la presión arterial es una de las medidas más importantes para proteger tanto al corazón como al cerebro”, explicó el doctor Alejandro De Cerchio (MN MP2740), cardiólogo de la FAC y de la Unidad de Hipertensión Arterial del Instituto de Cardiología de Corrientes, además de referente de la Red Federal Corazón-Cerebro.
La prevención también requiere abordar otros factores que suelen presentarse de manera conjunta. Controlar la glucosa y el colesterol, evitar el consumo de tabaco, mantener una alimentación saludable y realizar actividad física de acuerdo con las posibilidades de cada persona son medidas que contribuyen a cuidar la salud vascular.
El mensaje de los especialistas apunta a no esperar la aparición de una complicación para tomar medidas. La detección temprana y el tratamiento sostenido de los factores de riesgo pueden reducir las probabilidades de un primer ACV y de nuevos episodios en quienes ya atravesaron uno.
Cuáles son los síntomas de alerta y por qué cada minuto cuenta
Uno de los aspectos fundamentales es reconocer las señales que pueden indicar un ACV. Debido a que los síntomas suelen aparecer de manera repentina, identificarlos y solicitar asistencia médica de emergencia puede ser decisivo.
Entre las principales señales de alarma se encuentran:
- Desviación de la boca: una parte del rostro puede quedar caída o presentar una asimetría repentina.
- Pérdida de fuerza: dificultad para mover un brazo o una pierna, especialmente de un solo lado del cuerpo.
- Problemas para hablar: dificultad repentina para expresarse o comprender lo que dicen otras personas.
- Alteraciones de la visión: pérdida o cambios bruscos en la capacidad de ver.
- Problemas de equilibrio: aparición repentina de mareos intensos, inestabilidad o dificultades para coordinar los movimientos.
Ante cualquiera de estos síntomas, la recomendación es solicitar asistencia médica de emergencia de inmediato, sin esperar a que desaparezcan las molestias. Tampoco se debe perder tiempo intentando determinar por cuenta propia qué está ocurriendo.
“El ACV y la enfermedad cardiovascular comparten muchas veces un mismo terreno vascular. Por eso, su prevención debe abordarse de manera integral”, destacó el doctor Gustavo Cerezo (MN 66559), cardiólogo, expresidente de la FAC y referente en prevención cardiovascular y cerebrovascular.
La recuperación también exige prevenir nuevos episodios
Superada la etapa aguda, el tratamiento no termina. La recuperación de una persona que sufrió un ACV puede requerir un abordaje interdisciplinario orientado a recuperar funciones, favorecer la autonomía y mejorar la calidad de vida.
La rehabilitación cumple un papel importante en ese proceso, mientras que el seguimiento médico debe incluir la evaluación de posibles causas cardíacas y el control de los factores de riesgo que podrían favorecer la aparición de un nuevo episodio.
En este sentido, la prevención secundaria resulta fundamental. Cumplir con los tratamientos indicados, realizar los controles correspondientes y mantener un seguimiento profesional permite trabajar sobre las causas que pudieron desencadenar el evento y reducir el riesgo de recurrencia.
Cuidar el corazón también es cuidar el cerebro
En el Día Mundial del Accidente Cerebrovascular, la Federación Argentina de Cardiología recuerda que la salud cerebral y la cardiovascular están estrechamente vinculadas. Las enfermedades vasculares pueden avanzar durante años sin manifestaciones evidentes, hasta que aparece una complicación que modifica de manera abrupta la vida de una persona y de su entorno.
Por eso, el llamado de los especialistas es a actuar antes de que aparezcan los síntomas: controlar la presión arterial, la diabetes y el colesterol, abordar la obesidad, evitar el tabaquismo, combatir el sedentarismo y mantener controles médicos periódicos.
La prevención, el reconocimiento temprano de las señales de alarma y la atención médica sin demoras son herramientas esenciales frente a una enfermedad en la que el tiempo puede marcar una diferencia decisiva.