ATE terminó el romance con el gobierno y declara estado de alerta y lanza asambleas permanentes
La seccional de Asociación Trabajadores del Estado en Río Grande anunció medidas tras meses de pasividad, en medio de salarios deteriorados, conflictos laborales sin resolver y deudas pendientes con sectores clave como los empleados de la administración que quedaron relegados de su recategorización por negociaciones sindicales con el gobierno.
Río Grande: La conducción de la Asociación Trabajadores del Estado en Río Grande, encabezada por Felipe Concha, finalmente declaró el estado de alerta y movilización, junto al inicio de asambleas permanentes en los sectores del estado. La decisión marca un punto de inflexión en la relación con el Gobierno, pero también deja al descubierto una reacción tardía frente a un escenario que los trabajadores vienen denunciando desde hace meses.
El anuncio se da en medio de un cuadro complejo, atravesado por la falta de convocatoria a paritarias, la pérdida sostenida del poder adquisitivo y la profunda crisis de la Obra Social de la Provincia de Tierra del Fuego. Sin embargo, y a diferencia de otras seccionales como Ushuaia, las medidas impulsadas por la conducción local aparecen más como una respuesta forzada que como parte de una estrategia anticipada.

Durante este tiempo, los reclamos por salarios caídos, condiciones laborales y recomposición real no encontraron una conducción firme que canalizara el conflicto. A ello se suma una deuda particularmente sensible: la falta de defensa efectiva de los trabajadores de la categoría 23, que quedaron relegados en el reconocimiento de sus recategorizaciones. Para muchos, esto fue consecuencia de negociaciones con el Ejecutivo provincial que terminaron vulnerando principios de igualdad frente a otros sectores que sí lograron avances.
En este contexto, el viraje de la conducción hacia las medidas de fuerza parece responder más a la presión de las bases que a una convicción política sostenida. “El escenario ya no admite dilaciones”, sostienen ahora desde el gremio, aunque hacia adentro crece el cuestionamiento por una etapa previa marcada por la pasividad y un vínculo que fue percibido como demasiado cercano al poder político.
Desde este 14 de abril, las asambleas informativas permanentes buscarán ordenar el creciente malestar en la administración pública. El estado de alerta y movilización abre la puerta a una eventual profundización del conflicto, en un escenario donde el deterioro salarial y laboral ya impacta directamente en la vida cotidiana de los trabajadores.
ATE exige ahora la urgente convocatoria a paritarias y la apertura de una mesa de diálogo para abordar la crisis de la obra social y las demandas acumuladas. Pero el desafío no es solo hacia el Gobierno: la conducción deberá también reconstruir su legitimidad interna, en un contexto donde el tiempo perdido pesa y la confianza está en disputa.
El interrogante queda abierto: ¿el “romance” con el gobierno de Gustavo Melella llegó realmente a su fin o se trata de un movimiento coyuntural? La respuesta dependerá de si esta nueva etapa se traduce en una defensa concreta y sostenida de los trabajadores o si vuelve a diluirse en los tiempos de una dirigencia que, para muchos, reaccionó demasiado tarde.
Nota, Redacción Correo Diario
