El águila nazi del Río de la Plata: 20 años de un símbolo incómodo que Uruguay aún no logra resolver
Recuperada del fondo del estuario en 2006, la imponente escultura del acorazado alemán Admiral Graf Spee sigue generando controversia: entre propuestas para destruirla, exhibirla o convertirla en un ícono turístico, su destino permanece en suspenso.
A casi dos décadas de su recuperación, Uruguay continúa atrapado en un dilema tan histórico como simbólico. Se trata de una enorme escultura de bronce: un águila nazi de más de una tonelada, con las alas extendidas y una esvástica entre sus garras, que permaneció durante casi 70 años sumergida en las turbias aguas del Río de la Plata.
El diario.es, publica que la pieza fue rescatada en 2006 del pecio del Admiral Graf Spee, el célebre buque de guerra alemán hundido tras la Batalla del Río de la Plata, uno de los primeros enfrentamientos navales de la Segunda Guerra Mundial. Aquella operación, encabezada por el arqueólogo marino Mensun Bound junto al buzo Héctor Bado, implicó condiciones extremas: corrientes violentas y visibilidad casi nula, “como nadar en lodo líquido”, según describió el propio investigador.

Cuando finalmente emergió del fondo, cubierta de sedimentos, la escultura no solo reveló su magnitud, sino también el peso simbólico que acarreaba. “No estábamos preparados mentalmente”, recordaría Bound. “De repente, estábamos contemplando el corazón mismo de las tinieblas”.
En un primer momento, el águila fue exhibida en Montevideo y atrajo a miles de curiosos. Sin embargo, la escena pronto se volvió incómoda: algunos visitantes realizaban el saludo nazi, mientras otros reaccionaban con repudio. La exposición duró pocas semanas. El gobierno decidió retirarla y colocarla bajo custodia militar en la fortaleza del Cerro, donde permanece hasta hoy, lejos del público.
Desde entonces, el destino de la escultura se convirtió en una discusión abierta que atraviesa lo político, lo histórico y lo ético. En 2023, el entonces presidente Luis Lacalle Pou propuso fundirla y transformarla en una paloma de la paz, aunque la idea fue rápidamente descartada tras una fuerte reacción pública.
Otras voces, en cambio, plantean resignificarla desde la memoria. El investigador Daniel Acosta y Lara sostiene que debería exhibirse en un museo, como ocurre con piezas similares en Europa, donde el contexto histórico permite una lectura crítica del nazismo.
Más controvertida aún es la propuesta de la dirigente Teresa Marzano, quien impulsa su instalación en Punta del Este como atractivo turístico. Su proyecto incluye montar el águila sobre una estructura que simule la popa de un barco, con una plataforma para visitantes y recursos audiovisuales. La iniciativa, sin embargo, despertó fuertes críticas por considerar inapropiado convertir un símbolo del nazismo en un ícono escénico.
El debate no es menor. La escultura —de casi tres metros de envergadura— no solo perteneció a un buque de guerra, sino que representa uno de los emblemas más cargados de significado del siglo XX. Su exhibición sin contexto podría trivializar su peso histórico; su destrucción, en cambio, abriría interrogantes sobre la preservación del pasado.
Mientras tanto, el águila permanece guardada, en silencio, como un recordatorio incómodo de la historia que yace bajo el agua y de las decisiones que aún esperan en la superficie.
