PAÍS

La pobreza bajó al 28,2% en 2025, pero crecen las dudas sobre la medición oficial

El dato difundido por el INDEC marca una mejora sostenida, aunque especialistas advierten inconsistencias metodológicas y alertan por el deterioro real en sectores medios y vulnerables.

La pobreza en Argentina alcanzó al 28,2% de la población en el segundo semestre de 2025, lo que equivale a unas 8,5 millones de personas, según el informe difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Se trata del nivel más bajo desde 2018 y representa una caída de 3,4 puntos porcentuales respecto al semestre anterior.

El dato también muestra una baja de 9,9 puntos frente al mismo período de 2024, cuando el índice había alcanzado niveles críticos en medio de una fuerte aceleración inflacionaria y el impacto inicial del programa económico implementado por el Gobierno de Javier Milei.

“La pobreza sigue bajando. Dato, no relato”, expresó el mandatario en redes sociales, celebrando la evolución de los indicadores.

Sin embargo, más allá del optimismo oficial, el informe reavivó cuestionamientos de especialistas e instituciones académicas, que advierten sobre limitaciones en la metodología utilizada para medir la pobreza.

Uno de los principales puntos de crítica es el alcance de la muestra: el INDEC releva únicamente 31 grandes centros urbanos, lo que deja fuera a sectores rurales y a una parte significativa del país. Además, el cálculo se basa en los ingresos declarados por los hogares —y no necesariamente los reales— en relación con el costo de una canasta básica que, según expertos, presenta fuertes desactualizaciones.

De acuerdo con los datos oficiales, la reducción de la pobreza se explica porque, en la segunda mitad de 2025, los ingresos familiares aumentaron un 18,3%, superando el alza del 11,3% en la canasta básica. Sin embargo, este comportamiento no se replica de manera homogénea en todos los sectores sociales.

RIO GRANDE

“La mejora está muy influida por la actualización de ayudas sociales por encima de la inflación”, explicó Candelaria Rueda, investigadora del Instituto Argentina Grande. Según su análisis, mientras los sectores más vulnerables logran cierta contención, la clase media enfrenta un deterioro creciente en su poder adquisitivo.

En ese sentido, advirtió sobre un fenómeno cada vez más extendido: el aumento del endeudamiento de los hogares. “Muchas familias recurren a créditos para llegar a fin de mes y luego no pueden afrontarlos”, señaló, describiendo una situación de fuerte presión económica en amplios sectores.

Las críticas también apuntan a la composición de la canasta utilizada por el INDEC, que data de 2004/2005 y no refleja el peso actual de gastos como servicios, transporte o alquileres. Este último, por ejemplo, no está incluido en la medición, a pesar de que más del 20% de los hogares argentinos paga renta.

En la misma línea, el Observatorio de la Deuda Social de la UCA advirtió que la magnitud y velocidad de la mejora “resultan difíciles de conciliar” con otros indicadores de bienestar, como el empleo, los salarios reales o el consumo.

El organismo sostuvo que la baja de la pobreza combina factores reales —como la desaceleración inflacionaria— con “mecanismos metodológicos que reducen artificialmente las tasas observadas”.

Incluso, estimaciones del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) plantean que, si se ajustaran los principales sesgos de medición —como actualizar la canasta e incluir el costo del alquiler—, la pobreza podría ubicarse cerca del 48%.

Así, el dato oficial abre un doble debate: por un lado, sobre la evolución real de las condiciones sociales en el país; y por otro, sobre la necesidad de revisar las herramientas estadísticas que permiten medirlas. En ese cruce, la mejora en los indicadores convive con señales de fragilidad económica que, para muchos analistas, siguen marcando el pulso de la vida cotidiana.

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