PROVINCIA

Lectura del Domingo: Cuando el salario ya no alcanza, una propuesta para aliviar el endeudamiento de las familias fueguinas

El proyecto del legislador Damián “Loli” Löffler para crear un Programa Provincial de Desendeudamiento Familiar y Personal pone sobre la mesa una problemática que atraviesa a cada vez más hogares: trabajadores que cumplen con sus obligaciones, pero destinan una parte creciente de sus ingresos al pago de tarjetas, préstamos y cuotas. La iniciativa propone reordenar esas deudas, reducir su peso mensual y evitar que el endeudamiento termine convirtiéndose en exclusión financiera.

Río Grande.- Hay una escena que se repite cada vez con mayor frecuencia en los hogares: llega el sueldo y, antes de pensar en alimentos, servicios, transporte o cualquier gasto imprevisto, una parte importante de ese ingreso ya tiene dueño.

La tarjeta. El préstamo. Las cuotas. La refinanciación.

La familia todavía paga. Todavía cumple. Pero cada mes tiene menos margen para vivir.

Ese es el punto de partida del proyecto presentado por el legislador provincial del Movimiento Popular Fueguino, Damián “Loli” Löffler, para crear un Programa Provincial de Desendeudamiento Familiar y Personal.

La iniciativa merece ser ponderada porque intenta atacar el problema antes de que se convierta en una crisis irreversible. No espera a que una familia deje de pagar, acumule intereses, ingrese en mora y termine fuera del sistema financiero. Propone actuar cuando todavía existe voluntad y capacidad de cumplimiento, pero el peso de las obligaciones ya resulta excesivo.

Y ese criterio preventivo es, quizás, uno de los mayores aciertos de la propuesta.

RIO GRANDE

El proyecto contempla a personas que se encuentren en las situaciones crediticias 1, 2 y 3 del Banco Central, siempre que sus obligaciones financieras representen más del 30% de los ingresos mensuales del hogar.

No es un dato menor. Que una tercera parte del ingreso familiar esté comprometida únicamente con deudas significa que el salario comienza a perder su función principal: sostener la vida cotidiana.

También se establece como requisito que los ingresos familiares sean inferiores a diez Salarios Mínimos, Vitales y Móviles y contar con al menos dos años de domicilio en Tierra del Fuego, orientando la herramienta hacia quienes residen en la provincia y tienen una capacidad económica más limitada.

Una salida, no otra deuda

Uno de los aspectos más importantes del proyecto es que no propone condonar las deudas ni entregar dinero de libre disponibilidad.

Propone algo mucho más concreto: reorganizar las obligaciones existentes bajo mejores condiciones de tasa, plazo y cuota, de acuerdo con la capacidad real de pago de cada beneficiario.

Es decir, no se busca reemplazar una deuda impagable por otra. Se intenta hacer pagable la deuda que hoy está asfixiando al hogar. Los recursos serían destinados directamente a cancelar total o parcialmente las obligaciones con los acreedores. El programa abarcaría tarjetas de crédito, préstamos personales y créditos de consumo otorgados por entidades financieras y proveedores no financieros registrados ante el Banco Central.

También contempla una realidad que ya forma parte de la economía cotidiana: los créditos otorgados mediante aplicaciones y billeteras virtuales. Quedarían fuera del programa los créditos hipotecarios y prendarios, además de las deudas exclusivamente comerciales o empresariales.

La definición del legislador es contundente: “No estamos proponiendo que alguien deje de pagar sus deudas. Estamos proponiendo que pueda pagarlas sin que hacerlo signifique dejar de comprar alimentos, pagar los servicios o sostener a su familia”.

Y ahí aparece el verdadero sentido social de la iniciativa.

El Banco de Tierra del Fuego como herramienta

El proyecto propone además utilizar al Banco de Tierra del Fuego como una herramienta concreta para enfrentar el problema.

La iniciativa instruye a la entidad a implementar una línea especial de crédito destinada a reorganizar las obligaciones financieras y contempla la posibilidad de que la Provincia establezca mecanismos de bonificación de tasas, de acuerdo con las partidas presupuestarias disponibles.

Legislador Damián “Loli” Löffler

Porque el problema de una familia endeudada no siempre está únicamente en cuánto debe. Muchas veces está en cuánto termina pagando después de intereses, punitorios, refinanciaciones y extensiones de plazo.

Una tasa más favorable puede significar que una parte del salario que hoy se pierde en el costo financiero vuelva a quedar disponible para el hogar.

El proyecto también invita a otras entidades financieras y proveedores de crédito registrados ante el Banco Central a incorporarse al programa, ampliando así las posibilidades de acceso.

Una herramienta para quienes más necesitan

La propuesta tampoco plantea una solución uniforme. Establece prioridades para los hogares que atraviesan situaciones de mayor vulnerabilidad.

Entre ellos se encuentran las familias afectadas por pérdida involuntaria del empleo o fuertes reducciones de ingresos, jubilados y pensionados, hogares monoparentales y familias que tienen personas con discapacidad a cargo.

Esto demuestra que el proyecto entiende el endeudamiento como algo más que una cuestión financiera.

Detrás de cada deuda hay una historia. Puede ser una familia que perdió un ingreso. Un jubilado que ya no alcanza a cubrir sus gastos. Una madre o un padre que sostiene solo el hogar. Una familia que afronta mayores costos por tener una persona con discapacidad a cargo. Por eso, intervenir sobre la deuda también significa intervenir sobre una situación social.

El ajuste también se paga con deuda

Y es imposible analizar esta propuesta sin mirar el contexto económico nacional. El Gobierno de Javier Milei ha convertido el ajuste, la reducción del gasto y el equilibrio fiscal en los principales pilares de su política económica. Pero una cosa son los números de las cuentas públicas y otra muy diferente es la economía que enfrentan las familias cuando llega el momento de pagar la comida, la luz, el gas, el alquiler, el transporte y las cuotas.

Porque cuando el ingreso pierde capacidad de compra, aparece el crédito. Primero se financia una compra. Después una factura. Luego se utiliza un préstamo para cancelar la tarjeta. Más tarde llega una refinanciación, y la rueda comienza a girar.

El endeudamiento familiar no aparece de la nada. Muchas veces es la consecuencia de ingresos que no alcanzan para sostener el costo de vida.

Por eso resulta insuficiente responsabilizar exclusivamente a las familias por su nivel de endeudamiento. Hay que preguntarse también qué ocurre cuando el salario deja de alcanzar y el crédito se convierte en el mecanismo utilizado para completar lo que falta.

El problema no siempre es cuánto gasta una familia.

A veces, el problema es simplemente cuánto cuesta vivir.

Menos deuda también puede significar más consumo

El proyecto tiene además una dimensión económica que excede las paredes de cada hogar. Cuando una familia destina una parte creciente de su salario al pago de intereses y cuotas, ese dinero deja de circular en otros sectores. Se compra menos, se consume menos y los comercios reciben menos ingresos.

Por eso, desendeudar a las familias también puede significar reactivar el consumo local.

Una cuota más baja puede representar una compra en un comercio. Un menor costo financiero puede permitir afrontar una reparación, adquirir alimentos o recuperar cierta capacidad para enfrentar un gasto inesperado.

En una provincia como Tierra del Fuego, donde las economías familiares tienen un impacto directo sobre la actividad comercial de Río Grande, Ushuaia y Tolhuin, no es un aspecto menor. La deuda familiar también tiene consecuencias sobre la economía provincial.

El Estado frente al problema

El proyecto todavía deberá atravesar el debate legislativo y seguramente tendrá que discutir mecanismos de financiamiento, alcance, controles y sostenibilidad.

Pero hay una cuestión que merece ser puesta en primer plano: intervenir antes de que una familia quede atrapada en la deuda es mucho más razonable que esperar a que quede afuera del sistema para recién entonces intentar rescatarla.

La iniciativa no plantea regalar dinero.

No propone borrar responsabilidades.

No busca premiar a quien no paga.

Busca darle una herramienta a quien quiere cumplir, pero necesita condiciones que le permitan hacerlo sin sacrificar las necesidades básicas de su familia.

Ese enfoque merece ser destacado.

Porque una familia que consigue reducir el peso de sus cuotas no solamente paga menos. Recupera margen para comprar alimentos, afrontar servicios, atender una emergencia, consumir en un comercio local y volver a planificar.

Recupera, en definitiva, una parte de la libertad económica que perdió.

El bolsillo también necesita una política pública

Durante demasiado tiempo, las discusiones económicas se han concentrado en indicadores macroeconómicos: déficit, superávit, inflación, gasto público, reservas.

Pero detrás de cada número hay una familia.

Y si el resultado de una política económica es que el salario llega al hogar prácticamente comprometido en su totalidad, algo está fallando.

Mientras desde el Gobierno nacional se insiste en que el sacrificio presente es el precio necesario para alcanzar un futuro mejor, las familias necesitan respuestas para el presente.

No pueden esperar indefinidamente a que los indicadores macroeconómicos finalmente se transformen en bienestar.

Por eso, que desde Tierra del Fuego se discutan herramientas para aliviar el endeudamiento, reducir el costo financiero y recuperar capacidad de consumo representa una señal que merece ser valorada.

La propuesta de Löffler tiene el mérito de mirar hacia un lugar que muchas veces queda fuera de las grandes discusiones económicas: el hogar, el salario y la mesa familiar.

“Las familias necesitan una salida, no otra deuda”, sostuvo el legislador.

Y probablemente allí esté la clave de todo el proyecto.

No se trata de regalarle nada a nadie. Se trata de impedir que quienes todavía hacen el esfuerzo de pagar terminen trabajando únicamente para sostener sus deudas. Se trata de devolverle al salario una parte de la libertad que hoy se lleva la cuota.

Aliviar el endeudamiento familiar no es solamente una cuestión financiera.

Es recuperar previsibilidad.

Es recuperar capacidad de consumo.

Es recuperar margen para vivir.

Y, sobre todo, es evitar que el ajuste que hoy presiona sobre los ingresos termine convirtiendo a las familias fueguinas en rehenes de sus propias deudas.

En tiempos de bolsillos cada vez más ajustados, toda herramienta que permita que el salario vuelva a estar al servicio de la vida y no exclusivamente al servicio de las cuotas merece ser discutida y acompañada.

Redacción: Correo Diario

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