China inauguró el puente Zicai y avanza con el megaproyecto fluvial que busca transformar el comercio en Asia
La nueva estructura forma parte del Canal de Pinglu, una obra estratégica de más de 10.000 millones de dólares que conectará el interior chino con el Mar de la China Meridional.
China volvió a exhibir su capacidad de ingeniería e infraestructura con la apertura al tránsito del puente Zicai, una de las obras más importantes del gigantesco Canal de Pinglu, un proyecto considerado estratégico para el desarrollo económico y comercial del sur del país.
La estructura se encuentra en la ciudad de Qinzhou, en la región autónoma de Guangxi, y forma parte de los 27 puentes construidos sobre el nuevo corredor fluvial artificial que conectará zonas industriales del interior chino con el golfo de Beibu, en el Mar de la China Meridional.
El Canal de Pinglu es actualmente una de las obras de infraestructura más ambiciosas de la China moderna. Tendrá una extensión total de 134 kilómetros y permitirá unir el sistema fluvial del río Xijiang con una salida marítima directa, reduciendo tiempos y costos logísticos para numerosas ciudades del interior.
El megaproyecto contempla una inversión superior a los 10.000 millones de dólares e incluye cifras de construcción monumentales: más de 315 millones de metros cúbicos de excavación entre tierra y roca, además del uso de casi 6 millones de metros cúbicos de hormigón.
Uno de los desafíos técnicos más importantes es el sistema de esclusas, diseñado para salvar un desnivel aproximado de 65 metros y permitir la circulación de embarcaciones de gran porte entre los distintos niveles del canal.
Qué conectará el Canal de Pinglu
La nueva vía navegable unirá el embalse de Xijin —ubicado sobre el río Yu, cerca de la ciudad de Nanning— con el golfo de Beibu, también conocido como golfo de Tonkín, utilizando parte del curso natural del río Qinjiang.
Con esta conexión, China busca fortalecer el comercio interno, potenciar las exportaciones desde el sudoeste del país y consolidar una salida estratégica hacia el sudeste asiático y las rutas marítimas internacionales.
Además del impacto económico, el proyecto es interpretado como una nueva demostración del uso de la infraestructura como herramienta geopolítica por parte de China, en un contexto global marcado por la competencia comercial y logística entre las principales potencias del mundo.
