CIUDAD

Río Grande inauguró su primera chacra agroexperimental municipal para impulsar la producción de alimentos

El nuevo espacio lleva el nombre de Germán Asencio, uno de los productores pioneros de la ciudad, y funcionará como centro de experimentación, capacitación y transferencia de conocimientos. Con 3.000 metros cuadrados, reunirá cultivos, frutas finas, hidroponía, producción avícola, energías renovables y la primera plantinera de frutillas de Tierra del Fuego.

Río Grande sumó este lunes 14 de septiembre una nueva infraestructura destinada a fortalecer su perfil productivo. Se trata de la primera chacra agroexperimental municipal de la ciudad, un espacio de 3.000 metros cuadrados que nace con la intención de convertirse en un punto de encuentro entre productores, instituciones educativas, estudiantes y vecinos interesados en la producción de alimentos.

El predio lleva el nombre de “Germán Asencio”, en homenaje a uno de los pioneros de la producción local, y fue concebido no solamente como un lugar destinado a experimentar distintas alternativas productivas, sino también como un ámbito para generar conocimiento y ponerlo a disposición de quienes quieran producir.

La nueva chacra reunirá diferentes experiencias en un mismo espacio: producción avícola, cultivos a cielo abierto, frutas finas, hidroponía, energías renovables y ensayos de acuaponía con peces. A esto se suma un proyecto especialmente significativo para la producción fueguina: la puesta en funcionamiento de la primera plantinera de frutillas de Tierra del Fuego.

Un espacio abierto a la comunidad

Durante la inauguración, el secretario de Desarrollo Productivo, Facundo Armas, definió a la chacra como “infraestructura productiva para el futuro” y remarcó que permitirá reunir distintas experiencias, promover la investigación y generar un intercambio permanente de conocimientos con el entramado productivo de la provincia.

La intención, explicó, es que el predio tenga sus puertas abiertas a la comunidad y pueda ser utilizado por establecimientos educativos, estudiantes universitarios y productores. “Queremos que sea un lugar de puertas abiertas hacia la comunidad, que pueda llenarse de colegios, de estudiantes de las distintas universidades, que los productores vengan y nos digan por dónde hay que avanzar”, sostuvo.

La idea apunta a que las experiencias que se desarrollen en la chacra no queden encerradas en el predio, sino que puedan ser trasladadas a otros productores y a quienes estén pensando en incorporarse a la producción de alimentos.

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En ese sentido, Armas explicó que el objetivo no es simplemente experimentar con nuevas técnicas, sino generar conocimiento, probar alternativas y transferir los resultados para que puedan ser aprovechados por la comunidad productiva.

Una chacra con múltiples experiencias

El espacio cuenta con la antigua vivienda de Germán Asencio, que será utilizada para reuniones, encuentros y capacitaciones. También dispone de un taller y un depósito, además de sectores específicamente destinados a diferentes experiencias.

Entre ellas se encuentra un área de frutas finas, donde ya se trabaja con frambuesas, grosellas y casís; una plantinera de frutillas; una unidad de hidroponía; un gallinero experimental; cultivos a cielo abierto y un sector destinado a evaluar alternativas de alimentación animal.

En este último espacio se implantaron cuatro variedades de pasturas que permitirán analizar su comportamiento y potencial productivo.

También se incorporará la rotación de cultivos como herramienta para preservar las condiciones del suelo y evaluar diferentes estrategias de manejo productivo en las condiciones particulares de la región.

El invernadero, además, incorpora paneles solares, integrando las energías renovables a las experiencias productivas que se desarrollarán en el lugar.

El homenaje a un pionero

El nombre de la chacra no es un detalle menor. Para Armas, recuperar la figura de Germán Asencio implica también recuperar una parte de la historia productiva de Río Grande.

El funcionario recordó que Asencio fue uno de los pioneros de la producción local y contó que, tras dialogar con sus familiares, pudo conocer con mayor profundidad una de sus aspiraciones: desarrollar la producción de frutas finas.

Hoy, las plantas de frambuesas, grosellas y casís que crecen en el sombráculo del predio representan, de alguna manera, una continuidad de aquel sueño.

“Germán siempre quiso desarrollar la fruta fina”, recordó Armas, quien consideró que una de las mejores formas de homenajearlo es mantener vivo su nombre y vincularlo con el futuro de la producción.

“Qué mejor homenaje que dejar su nombre para la posteridad, que la gente conozca quién fue Germán Asencio y también sea un incentivo para los nuevos productores”, expresó.

Recuperar una identidad productiva

La creación de la chacra también se vincula con la historia del barrio APYMEMA, un sector tradicionalmente relacionado con la producción de alimentos y con el desarrollo de experiencias productivas en Río Grande.

En ese sentido, el proyecto busca recuperar y fortalecer una identidad que forma parte de la historia de la ciudad, pero proyectándola hacia nuevas tecnologías, conocimientos y formas de producir.

Para Armas, el desafío pasa por combinar la experiencia acumulada durante décadas con nuevas herramientas y conocimientos que permitan ampliar las posibilidades de producción en Tierra del Fuego.

El conocimiento como motor productivo

El proyecto contempla además un fuerte componente de articulación institucional. En su desarrollo participan el INTA, la Universidad Nacional de Tierra del Fuego (UNTDF), la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y la Misión Salesiana.

Armas definió al INTA como “un aliado estratégico del Municipio” y destacó que, pese a la situación que atraviesa actualmente el organismo nacional, continúa brindando asistencia técnica en distintos proyectos.

Entre las experiencias de trabajo conjunto mencionó precisamente el desarrollo avícola, el gallinero experimental y la plantinera de frutillas.

Respecto del rol de las universidades, sostuvo que constituyen “la usina de conocimiento” necesaria para formar los perfiles profesionales que requiere el desarrollo de la ciudad.

La chacra agroexperimental municipal se presenta así como un espacio donde producción, educación, investigación y tecnología buscan encontrarse en un mismo lugar.

“No hay posible desarrollo productivo sin infraestructura productiva. Esto es infraestructura para la comunidad, para el sector productivo y para todo aquel interesado en producir alimentos”, sintetizó Armas.

Con el nombre de un pionero de la producción local y la mirada puesta en las nuevas generaciones, la chacra “Germán Asencio” comienza ahora una etapa que apunta a transformar la experimentación y el conocimiento en nuevas oportunidades para producir alimentos en Río Grande.

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