Benjamín Netanyahu negó “mala intención” tras impedir el ingreso del Patriarca Latino al Santo Sepulcro
El gobierno israelí aseguró que la decisión de la policía respondió a motivos de seguridad, luego de que se le negara el acceso al cardenal Pierbattista Pizzaballa para celebrar la misa del Domingo de Ramos en la Iglesia del Santo Sepulcro.
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, afirmó que no existió “ninguna mala intención” por parte de las fuerzas de seguridad luego de que se impidiera el ingreso del Patriarca Latino de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, a la Iglesia del Santo Sepulcro para oficiar la misa del Domingo de Ramos.
A través de un mensaje difundido en redes sociales, el mandatario sostuvo que la decisión de la policía estuvo motivada exclusivamente por cuestiones de seguridad. “Hoy, con especial preocupación por su seguridad, la policía de Jerusalén impidió al Patriarca Latino celebrar la misa esta mañana”, expresó. En esa línea, insistió: “No hubo mala intención alguna, solo preocupación por su seguridad y la de su comitiva”.
El episodio generó un fuerte malestar en el ámbito religioso y diplomático. Desde el Patriarcado Latino de Jerusalén denunciaron que tanto el cardenal como el sacerdote responsable del sitio fueron impedidos de ingresar al templo cuando se disponían a encabezar la tradicional celebración.
La Iglesia del Santo Sepulcro, considerada uno de los lugares más sagrados del cristianismo por albergar, según la tradición, el sitio de la crucifixión y sepultura de Jesús, fue escenario de un hecho inédito: por primera vez en siglos, las máximas autoridades católicas no pudieron oficiar la misa en el inicio de la Semana Santa.
La situación provocó reacciones internacionales. Gobiernos como los de Italia y Francia expresaron su condena ante lo ocurrido y manifestaron preocupación por las restricciones a la libertad de culto en un momento de alta sensibilidad religiosa.
El incidente se suma a un contexto de creciente tensión en la región, donde las cuestiones de seguridad conviven con la complejidad política y religiosa de Jerusalén, un territorio clave para las tres grandes religiones monoteístas.
