El modelo económico llega a 2027 con un techo: el 59,8% pide un cambio de rumbo
El Monitor de Opinión Pública de Zentrix Consultora revela que el 38,7% de los argentinos quiere continuidad, mientras que el 59,8% reclama un cambio de rumbo. El apoyo al Gobierno se concentra con fuerza en los sectores de mayores ingresos y el principal desafío para Javier Milei aparece dentro de su propia base electoral.
A poco más de un año de las elecciones presidenciales de 2027, el escenario político argentino comienza a ordenarse alrededor de una pregunta que atraviesa las diferencias partidarias y pone el foco directamente sobre la economía: ¿continuidad o cambio de modelo?
La respuesta que surge de la medición de agosto del Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora muestra una sociedad donde la mayoría se inclina por modificar el rumbo económico. El 59,8% de los consultados quiere un cambio, mientras que el 38,7% apuesta por mantener el modelo actual.
Pero detrás de esos números aparece una diferencia todavía más profunda: la posición frente al rumbo económico está fuertemente determinada por la clase social. Entre los sectores de mayores ingresos, seis de cada diez respaldan la continuidad. En el otro extremo, entre los sectores de menores ingresos, apenas uno de cada cuatro sostiene esa opción, mientras que la demanda de cambio supera el 70%.
El dato deja una fotografía incómoda para el oficialismo: el respaldo al modelo existe y es significativo, pero tiene un territorio social muy definido. Quienes se encuentran más cerca de la parte alta de la pirámide económica son quienes muestran mayor disposición a sostenerlo, mientras que el malestar se profundiza a medida que se desciende en la escala social.
La discusión, de acuerdo con la lectura del estudio, parece haber dejado de ser exclusivamente ideológica. La evaluación del modelo está cada vez más vinculada con la experiencia concreta que cada sector tuvo con el ajuste, los ingresos y las condiciones de vida.
Un Gobierno que recupera algo de aire, pero no amplía su base
La leve recuperación de Javier Milei durante agosto no modifica esa estructura. La aprobación de su gestión pasó del 31,4% en julio al 32,2% en agosto, mientras que la desaprobación permanece en un elevado 54,1%. Su imagen personal también registró una mejora: la valoración positiva subió del 30,9% al 32,7%.
El movimiento es pequeño y, sobre todo, no cambia el mapa social del oficialismo. La gestión presidencial alcanza casi el 60% de aprobación entre los sectores de clase alta, pero cae hasta apenas el 22,4% en la clase baja. El respaldo, por lo tanto, parece recuperar intensidad dentro del núcleo que ya acompaña al Gobierno, pero no consigue expandirse de manera significativa hacia los sectores más golpeados por la situación económica.
La segmentación por género también muestra diferencias: Milei obtiene mejores registros entre los varones, mientras que el rechazo alcanza el 65,8% entre las mujeres. En los sectores de menores ingresos, la desaprobación llega al 69,3%.
La conclusión que plantea el relevamiento es clara: el oficialismo conserva un electorado definido, pero continúa teniendo dificultades para romper los límites sociales de esa base.
La paciencia también empieza a agotarse
A ese escenario se suma otro dato que puede adquirir peso en la carrera hacia 2027: el tiempo comienza a jugar en contra. El 53,2% de los consultados considera que ya se agotó la paciencia para esperar resultados económicos, mientras que apenas el 22,9% afirma estar viendo esos resultados.
La percepción se mantiene prácticamente sin diferencias entre generaciones. Jóvenes, adultos y mayores expresan niveles similares de impaciencia.
Esto desarma, además, una lectura que atribuya el respaldo o el rechazo al Gobierno exclusivamente a la edad. La continuidad del modelo reúne entre 37,7% y 39,4% según el tramo etario.
El clivaje que aparece con mayor nitidez no es generacional, sino social.
Villarruel y Bullrich: la disputa que puede abrirse dentro del oficialismo
El relevamiento incorpora otro elemento que podría resultar decisivo en la construcción del escenario de 2027: la competencia dentro del espacio que respalda al actual Gobierno.
Victoria Villarruel presenta una imagen positiva del 18,9%, frente a un 55,3% de negativa, y registra un rechazo electoral particularmente elevado: el 62,8% asegura que nunca la votaría.
Sin embargo, su comportamiento dentro de los distintos sectores sociales resulta más significativo que el número global. Su mejor imagen aparece entre la clase alta, con un 28,6% de valoración positiva, justamente el segmento donde también se concentra el núcleo más fuerte de respaldo a Milei.
Además, el 34,2% de los integrantes de ese sector afirma que podría votar a Villarruel.
El dato abre una posibilidad política concreta: más que disputar el electorado opositor, una eventual candidatura de la vicepresidenta podría competir directamente por los mismos votantes que hoy sostienen la continuidad del modelo.
En un escenario donde ese voto tiene un techo cercano al 38%, una división interna podría terminar reduciendo el caudal electoral del oficialismo en lugar de ampliarlo.
Bullrich aparece con mayor margen de crecimiento
Patricia Bullrich, por su parte, presenta una imagen positiva del 37,2% y una negativa del 49,8%.
Su perfil mantiene algunas características similares a las del oficialismo: mejores registros entre las clases alta y media y entre los varones, mientras que su valoración cae entre los sectores de menores ingresos, donde la positiva se ubica en 25,6% y el rechazo alcanza el 62,4%.
Sin embargo, la diferencia aparece cuando se observa su potencial electoral.
Bullrich reúne un 19,3% de voto seguro, pero otro 27,7% afirma que podría votarla, lo que le otorga el mayor margen potencial de crecimiento entre las figuras analizadas.
La incógnita, entonces, no pasa solamente por cuánto puede crecer el oficialismo frente a sus adversarios, sino por cómo resolverá su propia competencia interna.
Kicillof y Bregman tampoco consiguen romper sus límites
Del otro lado del escenario, Axel Kicillof presenta una estructura prácticamente inversa a la de Milei.
Su valoración positiva alcanza apenas el 24,7% en la clase alta, pero trepa hasta el 48,9% entre los sectores de menores ingresos. También obtiene mejores registros entre las mujeres y los adultos mayores.
La fortaleza en la base social, sin embargo, convive con un límite importante: la mitad del electorado afirma que nunca lo votaría.
Myriam Bregman aparece con otro perfil. Registra un 41,3% de imagen positiva frente a un 44,2% de negativa, el diferencial menos desfavorable entre las figuras evaluadas.
Su mejor desempeño aparece entre las mujeres, con 50,4% de valoración positiva, y especialmente entre los sectores de menores ingresos, donde alcanza el 53,5%.
Pero esa buena valoración relativa no se transforma automáticamente en intención de voto. Bregman tiene apenas un 11,9% de voto seguro, mientras que el 51,7% afirma que nunca la elegiría.
La paradoja vuelve a repetirse: ser bien valorada no necesariamente significa tener capacidad electoral para disputar el poder.
Un tablero donde nadie logra romper el techo
La fotografía de agosto deja un escenario todavía abierto, pero con límites muy marcados.
Ninguna de las principales figuras supera el 30% de voto seguro y todas registran más del 50% de rechazo absoluto. Milei aparece con un 26,5% de voto seguro, prácticamente en el mismo nivel que Kicillof, que alcanza el 25,9%.
Los números describen un escenario en el que ninguno de los dos grandes polos consigue ampliar sustancialmente su base.
El oficialismo mejora levemente, pero no logra salir de su territorio social. La oposición conserva sus propios apoyos, pero tampoco consigue capitalizar de manera contundente el malestar con el Gobierno.
Y mientras tanto, el factor económico continúa ocupando el centro de la escena.
El dato más significativo del relevamiento quizás no esté en quién encabeza una eventual elección, sino en qué está empezando a ordenar las preferencias de los argentinos: la evaluación concreta del modelo económico y la experiencia social acumulada durante los años de ajuste.
Con un 59,8% que reclama un cambio de rumbo, un 38,7% que sostiene la continuidad y más de la mitad de los consultados que asegura haber agotado su paciencia, la carrera hacia 2027 comienza a mostrar sus primeros límites.
El oficialismo conserva un núcleo firme. La oposición tiene terreno para crecer. Pero nadie, por ahora, consigue perforar su propio techo.
Y allí aparece una de las principales claves de la elección que viene: más que una disputa entre oficialismo y oposición, 2027 podría convertirse en una batalla por conservar la unidad de cada espacio y, al mismo tiempo, conquistar a una mayoría que todavía no parece haber encontrado una alternativa capaz de representar su demanda de cambio.
Sobre el relevamiento
Los datos corresponden al Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora, realizado durante agosto de 2026 sobre 1.466 casos válidos a nivel nacional.
El relevamiento se llevó adelante entre el 25 y el 31 de agosto de 2026, mediante un cuestionario autoadministrado en línea, con un diseño muestral ponderado por región, edad, sexo y voto declarado en el balotaje presidencial de noviembre de 2023 y las elecciones legislativas de octubre de 2025.
Según la consultora, bajo estas condiciones el margen de error teórico se estima en ±2,1%, con un nivel de confianza del 95%.
