La imagen de Melella se desploma: Más del 70% de los fueguinos desaprueba su gestión
Una medición de la encuestadora Neodelfos, la percepción negativa sobre el gobernador de Tierra del Fuego alcanza niveles récord. Promesas incumplidas, crisis en educación, salud, energía y empleo profundizan el desgaste de una gestión cada vez más desconectada de la realidad social.
De acuerdo a una medición realizada por la encuestadora Neodelfos, la imagen del gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella, atraviesa su peor momento desde el inicio de su gestión. La percepción negativa supera hoy el 70%, mientras que la imagen positiva cayó por debajo del 30%, configurando una brecha histórica de más de 40 puntos.
La curva descendente de la imagen del gobernador no responde a un fenómeno coyuntural ni al clima político nacional. Por el contrario, se trata del resultado de una acumulación sostenida de errores, omisiones y promesas incumplidas que fueron erosionando la confianza social. Siete de cada diez fueguinos consideran que la gestión provincial está desconectada de la realidad cotidiana.

Durante los últimos años, Melella anunció una serie de proyectos estratégicos —Puerto de Río Grande, Hidrógeno Verde, Polo Petroquímico, producción de amoníaco y urea granulada, diversificación de la matriz productiva— que nunca se materializaron. Cada anuncio generó expectativas que chocaron con la falta de resultados, transformando la esperanza inicial en frustración y enojo social.
Esa brecha entre discurso y gestión se convirtió en una herida abierta. Los anuncios de crecimiento económico no se tradujeron en políticas públicas concretas, debilitando la credibilidad del gobierno provincial en todos los sectores sociales.
Uno de los focos de mayor desgaste es la crisis educativa, marcada por desobligaciones permanentes, jornadas reducidas y suspensiones sistemáticas. La falta de previsibilidad impacta directamente en miles de familias que deben reorganizar su vida laboral y cotidiana. Lejos de resolver el problema, el gobierno optó por naturalizar un sistema educativo discontinuo, profundizando el malestar social.
La situación sanitaria tampoco ofrece alivio. El sistema de salud provincial atraviesa uno de sus momentos más críticos, con falta de profesionales, alta rotación médica, guardias sobrecargadas y caída de prestaciones básicas. A esto se suma la crisis estructural del OSEF, con atrasos en pagos, reducción de coberturas e incertidumbre permanente para miles de afiliados.
En materia energética, Ushuaia y Tolhuin siguen esperando obras largamente anunciadas. Mientras se acumulan promesas de ampliaciones e inversiones, la infraestructura funciona al límite, con cortes frecuentes, sistemas obsoletos y riesgo de colapso, una realidad que golpea directamente a hogares y sectores productivos.
El deterioro se completa con la caída del empleo industrial y la pérdida constante de puestos de trabajo. Pese a los anuncios de nuevas inversiones, el sector privado se debilita y las familias ven reducirse su poder adquisitivo y su estabilidad laboral.
Los datos de Neodelfos reflejan con claridad que el desgaste no es comunicacional ni perceptivo: es gestional. La ciudadanía ya no evalúa anuncios, sino resultados, y estos aparecen como insuficientes, tardíos o inexistentes.
A este escenario se suman las últimas decisiones políticas del gobernador, como los cambios en su gabinete y la insistencia en una reforma constitucional que no figura entre las demandas sociales prioritarias, lo que refuerza la idea de un gobierno ensimismado y alejado de las urgencias reales de la provincia.
El momento es delicado. La confianza, una vez rota, difícilmente se recupere. Hoy, los fueguinos no reclaman discursos: exigen liderazgo, planificación, obras concretas, empleo y previsibilidad en una provincia que atraviesa un prolongado estado de incertidumbre.
