INTERÉS GENERAL

Lectura del Domingo: El golpe contra la industria en Río Grande rompe más de 130 años de crecimiento

Así lo refleja un informe de la encuestadora Neodelfos: después de más de un siglo de expansión prácticamente ininterrumpida, Río Grande comenzó a perder habitantes. La caída coincide con una fuerte contracción del empleo registrado y del entramado industrial, en un contexto marcado por las políticas del Gobierno nacional contra la industria fueguina.

Durante más de 130 años, Río Grande tuvo una dirección clara: crecer. Desde aquel pequeño asentamiento que registraba apenas 73 habitantes en 1895 hasta convertirse en una ciudad que superó los 100.000 residentes, la historia demográfica de Río Grande estuvo atravesada por una constante: la expansión.

Creció la población, crecieron los barrios, crecieron las fábricas y también las expectativas de miles de familias que encontraron en el extremo sur del país una posibilidad de trabajo y un lugar para construir su futuro.

Pero esa historia parece haber comenzado a mostrar una ruptura.

Un informe elaborado por la encuestadora Neodelfos advierte sobre un fenómeno que, observado en perspectiva histórica, adquiere una dimensión mucho mayor que una simple variación estadística: Río Grande pasó de 103.191 habitantes en 2024 a 101.441 en 2026.

Son 1.750 habitantes menos en apenas dos años.

La reducción equivale aproximadamente al 1,7% de la población, pero su importancia no reside únicamente en el porcentaje. Lo verdaderamente significativo es que la ciudad comienza a registrar una reversión en una tendencia que se había mantenido, con diferentes ritmos, durante más de un siglo.

RIO GRANDE

Y el fenómeno no ocurre en el vacío.

La pérdida de población coincide con una fuerte contracción del empleo registrado y con un deterioro particularmente profundo del entramado industrial de Tierra del Fuego. Desde Neodelfos advierten que la evolución demográfica podría transformarse en uno de los indicadores más importantes para comprender la verdadera profundidad de la crisis económica que atraviesa Río Grande, en un escenario marcado por el impacto de las políticas impulsadas por el Gobierno nacional sobre la industria fueguina.

De 73 habitantes a más de 100.000: una ciudad construida alrededor del crecimiento

La historia demográfica de Río Grande es, esencialmente, una historia de crecimiento.Los primeros registros disponibles contabilizaban apenas 73 habitantes en 1895. La población aumentó luego a 414 en 1914, 2.402 en 1947, 4.064 en 1960 y 7.754 en 1970.

A partir de allí, el proceso se aceleró de manera considerable.

Río Grande pasó a tener 15.915 habitantes en 1980, 39.816 en 1991, 55.131 en 2001, 70.042 en 2010 y 98.017 en 2022.

Detrás de esa expansión hubo una transformación profunda.

El desarrollo productivo de Tierra del Fuego y, especialmente, la consolidación de Río Grande como principal polo industrial de la provincia fueron motores fundamentales para explicar ese crecimiento. La ciudad concentra cerca del 80% de la capacidad productiva industrial fueguina y, durante décadas, la disponibilidad de empleo formal convirtió al distrito en un punto de llegada para trabajadores provenientes de diferentes provincias argentinas.

Por eso, el crecimiento poblacional nunca fue solamente un dato demográfico.

Fue también la expresión de una economía capaz de atraer trabajadores, formar hogares y generar expectativas de desarrollo para miles de familias.

Durante décadas, Río Grande ofreció algo concreto: empleo.

Y alrededor de ese empleo se construyó una ciudad.

2024 marca un punto de inflexión

El seguimiento sistemático realizado por Neodelfos sobre la información de estructura poblacional del Registro Nacional de las Personas (RENAPER) permite observar la evolución reciente con una periodicidad mayor que la proporcionada por los censos nacionales.

En Río Grande, la trayectoria muestra un punto de inflexión:

PeríodoHabitantesVariación
202298.017
2024103.191+5.174
2025102.373-818
2026101.441-932

El máximo reciente se registró en 2024, con 103.191 habitantes.

A partir de allí comenzó la retracción.

Entre 2024 y 2026, Río Grande perdió oficialmente 1.750 habitantes.

Puede parecer una variación relativamente pequeña si se observa únicamente el porcentaje. Sin embargo, la perspectiva histórica modifica por completo la lectura: se trata de una ruptura en una dinámica de crecimiento que había caracterizado a la ciudad durante más de 130 años.

Por primera vez en décadas, el interrogante ya no es cuánto está creciendo Río Grande.

La pregunta comienza a ser otra:

¿Por qué está perdiendo población?

La segunda señal de alerta: la pérdida se acelera

Hay otro elemento que merece especial atención.

La caída observada no mantiene una velocidad constante.

Entre 2024 y 2025 desaparecieron del registro poblacional 818 habitantes.

Entre 2025 y 2026, la reducción fue aún mayor: 932 habitantes.

Esto representa un incremento aproximado del 13,9% en el volumen anual de pérdida poblacional.

Si se realiza un ejercicio puramente tendencial —y no una proyección demográfica estructural— y se supone que esa aceleración continúa, durante 2027 Río Grande podría perder aproximadamente otros 1.046 habitantes.

La trayectoria sería la siguiente:

2024: 103.191 habitantes
2025: 102.373 (-818)
2026: 101.441 (-932)
2027: aproximadamente 100.395 (-1.046)

De mantenerse esa dinámica, la pérdida acumulada respecto del máximo alcanzado en 2024 podría llegar a aproximadamente 2.796 habitantes.

Desde Neodelfos aclaran que este escenario debe interpretarse como una proyección condicionada a la continuidad de la tendencia observada y no como una predicción cerrada.

Pero la señal ya está presente.

Y merece ser observada.

El posible rezago de los registros administrativos

Existe, además, una cuestión metodológica relevante.

Los movimientos reales de población y los registros administrativos no necesariamente ocurren al mismo tiempo.

Una persona puede abandonar Río Grande y mantener durante meses —o incluso durante un período mayor— su domicilio formal registrado en la ciudad. El cambio efectivo de residencia puede producirse antes de que esa modificación aparezca en las bases administrativas y termine impactando en el seguimiento estadístico.

Por esa razón, Neodelfos trabaja también con una hipótesis de rezago administrativo.

La estimación preliminar plantea que los 1.750 habitantes menos observados oficialmente entre 2024 y 2026 podrían corresponderse con una pérdida efectiva cercana a 3.000 residentes.

Si hacia 2027 la pérdida registrada acumulada alcanzara los 2.796 habitantes y se mantuviera la misma relación hipotética entre el registro administrativo y el movimiento efectivo de población, la pérdida real podría aproximarse a 4.800 personas.

Bajo esa hipótesis, la población efectiva podría ubicarse alrededor de los 98.400 habitantes.

Sin embargo, se trata de una estimación que deberá ser contrastada con futuras actualizaciones de los registros y, por lo tanto, debe interpretarse como una hipótesis de investigación.

¿Qué relación existe entre empleo y población?

La coincidencia temporal entre el deterioro laboral y la retracción poblacional merece especial atención.

Los datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) analizados por Neodelfos muestran que Tierra del Fuego pasó de aproximadamente 79.974 trabajadores registrados en diciembre de 2023 a 65.953 en mayo de 2026.

Son 14.021 trabajadores registrados menos.

Una contracción aproximada del 17,5%.

El dato adquiere una dimensión particular en Río Grande debido al peso histórico que la actividad industrial tiene dentro de su estructura económica.

La hipótesis es sencilla:

cuando una ciudad pierde de manera persistente su capacidad para generar empleo, también puede comenzar a perder su capacidad para retener población.

La relación, sin embargo, no es automática.

No cada puesto de trabajo perdido significa inmediatamente una persona que abandona la ciudad.

Entre una situación y la otra existen múltiples mecanismos.

Un trabajador puede permanecer desempleado durante meses. Otro integrante del hogar puede sostener los ingresos familiares. Una familia puede recurrir a sus ahorros. Puede aparecer la informalización laboral. Se pueden reducir gastos y postergar decisiones.

Pero cuando esas alternativas comienzan a agotarse, aparece una posibilidad cada vez más concreta: emigrar.

Por eso, el movimiento poblacional puede funcionar como un indicador rezagado del deterioro económico.

Primero se debilita el empleo.

Después cae el consumo.

Y, si la situación se prolonga, algunas familias comienzan a preguntarse si todavía existe un futuro en el lugar donde viven.

El empleo industrial tiene un efecto que excede las fábricas

Existe una segunda dimensión del problema.

La pérdida de empleo industrial no afecta únicamente a quienes trabajan directamente dentro de las plantas.

Cada salario industrial sostiene una extensa cadena de consumo local: supermercados, comercios, alquileres, gastronomía, transporte, servicios profesionales, construcción, entretenimiento y pequeños emprendimientos.

La reducción del trabajo registrado desde diciembre de 2023 podría representar, expresada a valores salariales actuales, una pérdida potencial acumulada de entre $456.000 millones y $523.000 millones de masa salarial.

Se trata de una estimación destinada a dimensionar el volumen potencial de ingresos laborales que dejaron de generarse como consecuencia de la reducción del empleo.

El mecanismo económico es claro:

menos trabajadores → menor masa salarial → menor consumo → menores ventas → menor actividad → menor demanda laboral.

Si ese proceso se prolonga en el tiempo, puede transformarse en un círculo de retroalimentación negativa.

Y en una ciudad con una fuerte dependencia histórica de la industria, el impacto puede sentirse mucho más allá de las puertas de las fábricas.

Río Grande y Ushuaia comienzan a mostrar dinámicas diferentes

La comparación territorial aporta otro elemento de interés.

Mientras Río Grande pasó de 103.191 habitantes en 2024 a 101.441 en 2026, Ushuaia presenta, hasta el momento, una trayectoria diferente.

Los registros analizados indican:

Julio de 2024: 83.815 habitantes
Junio de 2026: 85.003 habitantes

Esto representa aproximadamente 1.188 habitantes adicionales, una variación positiva cercana al 1,4%.

Mientras Río Grande perdió alrededor del 1,7% de su población registrada, Ushuaia aumentó aproximadamente 1,4%.

La divergencia resulta especialmente significativa porque ambas ciudades atraviesan buena parte del mismo contexto macroeconómico nacional y provincial.

Entonces aparece una pregunta central:

¿Por qué el impacto demográfico parece ser mayor en Río Grande?

Las diferencias entre sus estructuras productivas podrían ofrecer una parte de la respuesta.

Río Grande posee una dependencia considerablemente mayor de la actividad industrial, mientras que Ushuaia presenta una economía con una participación relativa más importante del turismo, la administración pública y los servicios.

Esa mayor diversificación podría estar funcionando como un mecanismo diferencial de absorción frente a la crisis.

La comparación todavía no permite establecer una relación causal definitiva.

Pero constituye una señal suficientemente relevante como para profundizar el análisis.

Cuando una ciudad pierde población, pierde mucho más que habitantes

La reducción poblacional tiene consecuencias que exceden ampliamente una estadística demográfica.

Una persona que abandona Río Grande también deja de ser, total o parcialmente, un consumidor dentro de la economía local.

Cuando una familia emigra, desaparece demanda potencial de alimentos, alquileres, transporte, educación, servicios, entretenimiento y comercio.

Si el fenómeno se prolonga, pueden aparecer efectos sobre:

el consumo interno, la matrícula escolar, el mercado inmobiliario, la demanda de viviendas, la actividad comercial, la recaudación, la estructura etaria y la disponibilidad de capital humano calificado.

Además, el perfil de quienes emigran importa tanto como la cantidad.

Si la salida se concentra entre jóvenes, trabajadores calificados y familias en edades económicamente activas, el efecto estructural puede ser considerablemente mayor.

Por eso, el próximo paso del análisis de Neodelfos será observar no solamente cuántas personas dejan Río Grande, sino también qué edades tienen y cómo está cambiando la pirámide poblacional de la ciudad.

Los primeros datos comparativos entre agosto de 2024 y junio de 2026 ya muestran modificaciones que merecen un estudio específico.

Un indicador que debe ser monitoreado

Dos años no son suficientes para afirmar que Río Grande haya ingresado definitivamente en un proceso de despoblamiento estructural.

Pero sí son suficientes para identificar una señal de alerta temprana.

Después de más de 130 años caracterizados por la expansión, aparecen simultáneamente una serie de variables que merecen ser observadas en conjunto:

caída del empleo registrado, deterioro del empleo industrial, reducción de la masa salarial potencial, debilitamiento del consumo y pérdida de población.

La coincidencia de estos fenómenos justifica analizar la situación de manera integral.

El interrogante ya no debería limitarse únicamente a cuántos empleos perdió Tierra del Fuego.

La pregunta más profunda comienza a ser:

¿Está comenzando a deteriorarse la capacidad de Río Grande para retener a quienes viven en ella?

Si la respuesta termina siendo afirmativa, la provincia podría estar frente a un cambio económico y social mucho más profundo que una simple fluctuación coyuntural del empleo.

El costo de perder capacidad de atracción

Durante décadas, Río Grande creció porque ofrecía una expectativa concreta:

trabajo, movilidad social y la posibilidad de construir un proyecto de vida.

Esa expectativa fue uno de los principales motores demográficos de la ciudad.

Por eso, la reciente pérdida de habitantes debe observarse con especial atención.

No porque una reducción del 1,7% determine por sí sola una crisis demográfica irreversible, sino porque constituye un comportamiento extraordinario dentro de la trayectoria histórica de Río Grande y aparece, al mismo tiempo, junto a un fuerte deterioro del mercado laboral.

La próxima actualización de los registros será particularmente importante.

Permitirá comenzar a determinar si estamos frente a una corrección transitoria o ante la consolidación de una nueva tendencia.

Porque cuando una ciudad deja de atraer trabajadores, comienza a perder familias y ve partir a quienes habían construido allí su proyecto de vida, el problema deja de ser solamente económico.

Es una señal sobre sus expectativas de futuro.

Las políticas nacionales y el ataque a la industria fueguina

La actual crisis industrial que atraviesa Tierra del Fuego —y particularmente Río Grande— no puede analizarse como un fenómeno aislado ni como el resultado de un hecho fortuito.

El deterioro debe inscribirse en el contexto de decisiones concretas de política económica adoptadas por el Gobierno nacional, que impactaron directamente sobre el entramado productivo fueguino.

Entre ellas se encuentra el Decreto 333/25, mediante el cual el Gobierno avanzó sobre los aranceles aplicados a los teléfonos celulares importados, con el objetivo declarado de reducir los precios y mejorar las condiciones de acceso para los consumidores.

Sin embargo, hasta el momento la reducción esperada no se trasladó de manera proporcional a los precios finales, mientras que el impacto sobre el entramado productivo y laboral comenzó a hacerse sentir con mayor claridad.

La consecuencia fue un escenario de pérdida de puestos de trabajo industriales, debilitamiento de capacidades productivas y destrucción de empleo calificado.

Y en Tierra del Fuego, el impacto de esas decisiones tiene una dimensión que excede la discusión estrictamente económica.

El régimen de promoción industrial nunca respondió exclusivamente a una lógica de producción y rentabilidad.

Tuvo también un fundamento demográfico, territorial y geoestratégico.

Promover la producción y el empleo en el extremo austral del país fue, durante décadas, una herramienta para atraer población, consolidar comunidades y fortalecer la presencia argentina en un territorio estratégico.

Bajo esa perspectiva, una idea permite resumir buena parte del sentido histórico del subrégimen:

Poblar para producir y producir para ejercer soberanía.

Por eso, cuando una política orientada a abaratar productos no alcanza plenamente ese objetivo y, al mismo tiempo, contribuye al deterioro del empleo calificado y debilita la capacidad de una ciudad para retener población, el problema trasciende la discusión industrial.

Comienza a adquirir una dimensión demográfica, territorial y de soberanía.

Río Grande construyó su crecimiento alrededor de una promesa.

Durante generaciones, miles de personas llegaron a la ciudad porque había fábricas, trabajo y oportunidades.

Hoy, los números comienzan a mostrar una señal inversa.

Por primera vez en más de un siglo, Río Grande no solamente enfrenta el desafío de recuperar empleos.

En el fondo, enfrenta un desafío todavía mayor:

recuperar la capacidad de ofrecer un futuro para que su gente decida quedarse.

Neodelfos | Investigación para el desarrollo estratégico

Fuentes de referencia: Censos Nacionales de Población; seguimiento de estructura poblacional y registros administrativos del RENAPER; estadísticas de trabajadores registrados de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT). Las estimaciones de población efectiva, rezago administrativo, masa salarial y proyección 2027 corresponden a ejercicios analíticos de Neodelfos diferenciados de los datos oficiales observados.

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