Se resquebraja el relato anticasta: Cae la aprobación de Milei y crece el malestar social
Un informe nacional revela que la mayoría percibe una ruptura en la principal promesa del oficialismo, mientras el deterioro económico y las denuncias por corrupción profundizan la caída de la imagen presidencial.
La narrativa con la que Javier Milei llegó al poder empieza a mostrar fisuras. La promesa de enfrentar a “la casta”, eje central de su construcción política, pierde fuerza frente a una opinión pública que comienza a percibir al Gobierno como parte de aquello que decía combatir.
Según el último Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora, el 66,6% de los consultados cree que ese pacto simbólico se rompió.
El dato no aparece aislado. La percepción de corrupción dentro del Gobierno se consolida como uno de los principales factores de desgaste: el 57,3% considera que existe corrupción generalizada en la gestión y el 60,2% interpreta las denuncias como parte de un problema estructural. Más aún, el 66,6% sostiene que la administración no está comprometida con prevenir estos hechos, lo que desplaza la discusión desde casos puntuales hacia una desconfianza más profunda sobre la forma de ejercer el poder.

Este deterioro impacta directamente en la imagen presidencial. La aprobación de Milei cae al 33,1%, mientras su imagen positiva se ubica en 35,2% frente a un 59,3% de valoración negativa, configurando un diferencial claramente adverso. En apenas dos meses, el Presidente pasó de un escenario de equilibrio a uno dominado por el rechazo.
Pero el desgaste no puede explicarse solo en términos políticos. El informe muestra que el malestar económico atraviesa de manera contundente la vida cotidiana: el 81,6% de los encuestados afirma haber resignado consumos en los últimos seis meses para poder sostenerse, incluyendo gastos básicos como alimentos, salud o servicios.

En ese contexto, la tolerancia social frente al ajuste se reduce. El 86,6% asegura que su salario no le gana a la inflación y el 60,4% indica que sus ingresos le alcanzan solo hasta el día 20 del mes. La consecuencia es una experiencia concreta de pérdida que ya no se percibe como transitoria, sino como parte de la vida cotidiana.
A esta situación se suma una creciente desconfianza hacia los datos oficiales. El 70,3% considera que las cifras de inflación publicadas por el INDEC no reflejan lo que ocurre en la economía real. La brecha entre la macroeconomía y la percepción social se amplía, debilitando la capacidad del Gobierno para sostener su narrativa económica.
En el plano político, el informe también registra movimientos en la oposición. Axel Kicillof muestra una recuperación de imagen, alcanzando el 40,2% de valoración positiva, mientras que Myriam Bregman aparece como una de las figuras con mejor diferencial, con 47,3% de imagen positiva y 42,4% negativa, capitalizando parte del descontento social.
Dentro del oficialismo, en cambio, algunas figuras sufren un desgaste más pronunciado. Manuel Adorni registra una imagen negativa del 73,9%, en un contexto atravesado por su alta exposición pública y cuestionamientos recientes. Por su parte, Patricia Bullrich logra sostener niveles relativamente más estables, con un 40,1% de imagen positiva.
El estudio, basado en 1.559 casos a nivel nacional, muestra que el deterioro del Gobierno no responde a un único factor, sino a la convergencia de dos dimensiones: el malestar económico cotidiano y la pérdida de autoridad moral. En ese cruce, la promesa anticasta —que funcionó durante meses como un blindaje político— comienza a invertirse y a convertirse en un punto de vulnerabilidad.
Así, el escenario actual deja una señal clara: cuando la crisis material se combina con la desconfianza política, el desgaste no solo afecta a la gestión, sino también al núcleo identitario que sostuvo al oficialismo desde su origen.
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