Trump llega a las urnas bajo presión y una derrota puede repercutir en el escenario político mundial
Las elecciones legislativas de medio término de este martes 3 de noviembre pondrán a prueba el respaldo al presidente estadounidense. Los republicanos arriesgan sus mayorías en el Congreso y una eventual pérdida de control podría debilitar la segunda etapa de su mandato, con consecuencias también para sus aliados internacionales, entre ellos Javier Milei.

Estados Unidos se prepara para una elección que excede largamente la renovación de sus bancas legislativas. Este martes 3 de noviembre, los ciudadanos acudirán a las urnas para definir la composición del Congreso y, en ese proceso, también pondrán a prueba la gestión de Donald Trump. El resultado puede fortalecer al presidente republicano o abrir una etapa de mayor fragilidad política, con un Poder Legislativo en manos de la oposición y menos margen para impulsar su agenda.
La disputa llega en un momento complejo para la Casa Blanca. La aprobación de Trump atraviesa uno de sus niveles más bajos y las encuestas muestran un escenario adverso para el oficialismo. Un sondeo de Reuters/Ipsos difundido el 26 de octubre ubicó su respaldo en el 32%, mientras que, entre los votantes registrados, los demócratas aventajaban a los republicanos por 47% contra 36% en la consulta sobre la preferencia partidaria para el Congreso. La economía doméstica, el costo de vida y el precio de los combustibles aparecen entre las principales preocupaciones del electorado.
La posibilidad de que los republicanos pierdan el control de una o ambas cámaras legislativas representa el principal riesgo para Trump. En la Cámara de Representantes se renuevan los 435 escaños, mientras que en el Senado se disputan 33 bancas de un total de 100. Actualmente, el Partido Republicano conserva una mayoría ajustada en ambos cuerpos, por lo que una variación relativamente pequeña en los resultados podría modificar el equilibrio de poder en Washington.
La elección también tiene una dimensión internacional. Para la Argentina, el resultado no es ajeno: Javier Milei construyó una relación política estrecha con Trump y convirtió el vínculo con Washington en uno de los ejes de su estrategia exterior. Una eventual derrota republicana podría modificar las prioridades de la administración estadounidense, reducir su capacidad de acción y obligar a revisar el ritmo de sus acuerdos y respaldos internacionales.
En ese marco, la suerte política de Trump también puede repercutir sobre sus aliados. El mandatario argentino ha buscado respaldo de la Casa Blanca en un contexto económico delicado y ha exhibido públicamente su cercanía con el presidente estadounidense. Por eso, un cambio en la composición del Congreso podría introducir nuevas dificultades para sostener esa relación en los términos actuales, aunque el alcance de ese impacto dependerá de las decisiones que adopte el gobierno norteamericano.
Un Congreso que puede cambiar de manos
Las proyecciones electorales muestran una ventaja demócrata especialmente marcada en la Cámara de Representantes. Un modelo elaborado por investigadores de la Universidad de Harvard, difundido el 23 de octubre, estimó en un 94% las posibilidades de que el Partido Demócrata obtenga el control de ese cuerpo. El mismo análisis calculó en un 72% la probabilidad de que también consiga la mayoría en el Senado.
En la Cámara Baja, los republicanos llegan a la elección con una mayoría muy estrecha. Esa situación convierte a numerosos distritos en escenarios decisivos: los demócratas necesitan recuperar un número limitado de bancas para quedarse con el control legislativo y condicionar la agenda presidencial.
El Senado presenta una disputa más compleja. Los republicanos cuentan con 53 escaños, frente a 45 demócratas, mientras que dos independientes suelen votar junto a la oposición. Para cambiar el control de la Cámara Alta, los demócratas necesitan obtener una ganancia neta de cuatro bancas. La competencia en distintos estados, entre ellos Maine, Michigan, Ohio, Iowa, Alaska y Texas, concentra buena parte de la atención política.
Una derrota en cualquiera de las dos cámaras tendría consecuencias para Trump. Si pierde la mayoría en la Cámara de Representantes, los demócratas podrían bloquear iniciativas, impulsar investigaciones y ejercer un mayor control sobre la actividad del Ejecutivo. Si además pierden el Senado, los republicanos enfrentarían un escenario todavía más adverso para la aprobación de leyes y la confirmación de determinados nombramientos.
En ese contexto aparece el concepto político de pato rengo, utilizado en Estados Unidos para describir a un presidente que, especialmente durante la última parte de su mandato, pierde capacidad de conducción y encuentra mayores obstáculos para llevar adelante sus decisiones. Trump no podrá volver a presentarse en 2028, por lo que una derrota legislativa podría acelerar el desgaste de su influencia dentro del propio Partido Republicano.
Ante un Congreso adverso, el presidente podría recurrir con mayor frecuencia a las órdenes ejecutivas para avanzar con medidas de gobierno. Sin embargo, ese mecanismo tiene límites: no reemplaza la aprobación legislativa y puede quedar sujeto a impugnaciones judiciales.
La economía, en el centro del voto
El malestar económico aparece como uno de los factores centrales de la campaña. El aumento del costo de vida, la presión sobre los ingresos familiares y el encarecimiento de la energía alimentan las críticas a la gestión presidencial.
La situación se agravó en medio de la escalada militar en Medio Oriente. Los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y las posteriores represalias de Teherán, junto con las tensiones en torno al estrecho de Ormuz, impactaron sobre los mercados energéticos internacionales. La suba del petróleo y del gas se trasladó a los precios de los combustibles y profundizó la preocupación de los hogares estadounidenses.
Un relevamiento de Reuters/Ipsos publicado en octubre identificó precisamente el costo de vida y el precio de la gasolina entre los principales factores que explican el descontento de los votantes. La economía, que suele ser determinante en las elecciones de medio término, se convirtió así en uno de los principales puntos débiles de la campaña republicana.
A ese escenario se suman los cuestionamientos por la política exterior, los conflictos institucionales y el estilo confrontativo de Trump. La elección funcionará, en buena medida, como una evaluación ciudadana de su segundo mandato, aunque sus consecuencias institucionales dependerán de la composición final de cada cámara.
Los demócratas también buscan reconstruirse
Para el Partido Demócrata, la elección representa una oportunidad para recuperar terreno después de la derrota presidencial frente a Trump y de las dificultades internas que marcaron el cierre del gobierno de Joe Biden.
La disputa legislativa también servirá para medir el posicionamiento de las distintas figuras que podrían proyectarse hacia la carrera presidencial de 2028. Kamala Harris, quien fue vicepresidenta durante la administración Biden y candidata presidencial en 2024, continúa siendo una de las dirigentes de referencia del espacio, aunque el partido todavía debe resolver sus diferencias internas y definir una estrategia común.
La convivencia entre los sectores más moderados y las corrientes progresistas, con una nueva generación de dirigentes que reclama posiciones más firmes en materia económica y social, constituye otro de los desafíos de la oposición.
El resultado de este martes, por lo tanto, no solo definirá quién controla el Congreso durante los próximos dos años. También ofrecerá una señal sobre el rumbo político de Estados Unidos, la capacidad de Trump para sostener su liderazgo y el margen de acción de los gobiernos que construyeron una relación estrecha con su administración. Entre ellos, el de Javier Milei, que observa de cerca una elección cuyo desenlace puede modificar parte del tablero internacional.